Gobernar con reflejos electorales

Si Ollanta finalmente cede en los puestos claves del premierato y el Ministerio de Economía, acabará el caso Alexis. Es decir si al perdedor le damos las llaves de la casa recuperaremos la confianza, las inversiones volverán, y la prensa canalla callará hasta la siguiente ola de ataque.

| 20 julio 2011 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 832 Lecturas
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La transferencia y el Caso Alexis

Raúl Wiener, en LA PRIMERA 13.07.11

Bueno, ¿qué decir?

Tal vez contar cómo me sentí el día lunes cuando oía a Daniel Córdova (varias veces fracasado “nuevo líder” de la derecha económica metida a la política), a Pablo Bustamante (que decía que el candidato que más les convenía en segunda vuelta era Keiko porque le ganaba con pobres y ricos a Ollanta) y Raúl Vargas, comentando la ratificación de Julio Velarde y extrayendo dos conclusiones:

-Ollanta ya se está dando cuenta de lo que es manejar la economía.

-Y lo bueno es que se está distanciando del equipo que elaboró el primer plan de gobierno.

Rosa María Palacios ha sido aún más cáustica en su programa por Radio Capital:

-Si la crisis de Alexis ha sido suficiente para que entregue el BCR y tal vez el MEF, ¿qué pasará con otras crisis en el futuro?

Obviamente me afectan estas celebraciones adelantadas de los doblemente derrotados del 10 de abril y el 5 de junio, que reafirman las ideas de los últimos veinte años: la economía es nuestro dominio; los intelectuales y economistas de izquierda no son gente de gobierno, y son en el fondo la misma cosa que Aduviri, Patria Roja o otros, que asustan empresarios; y no hay presidente que gobierne contra los medios que representan a “los mercados” (es decir al poder económico).

Pero, entonces, ¿ante qué estamos? Hay tres respuestas que circulan entre personas que votaron por Ollanta y ahora están medio desconcertadas:

Fujimori II, que entrega el gobierno a la derecha, para mantener la presidencia.

Toledo II, que intenta combinar derecha económica con izquierda social y termina en privatizaciones entrampadas (arequipazo), reformas declarativas (acuerdo nacional, mesas de pobreza, plan nacional de educación, plan de reparaciones, etc.,) que no se ejecutan, y menos de dos dígitos de aprobación.

Ollanta I, que cree que las tácticas de primera vuelta se pueden proyectar al mecanismo de gobierno, y que puede ceder algunas posiciones estratégicas a la derecha que luego recuperará, mientras avanza en otras decisiones que consoliden su popularidad y control de los instrumentos de poder más importantes.

Con el problema de que, para mala suerte, se empieza a la defensiva, por el bendito problema Alexis y el síndrome de “reclutada” de todo el nuevo gobierno, que no supo resolver una crisis que no era crisis, pero que permitió se convirtiera en una sospecha de corrupción, desorden y faltas a la verdad, que se ha traducido en desgaste automático y pérdida de iniciativa.

Yo pienso que estamos en el tercer escenario. Y que el presidente electo sigue pensando que sus amigos que tuvimos resistencias a su táctica electoral, no entendemos que la política es como la guerra, donde hay que avanzar por partes. Pero la cuestión es que mientras esto ocurre Ollanta debilita sus lazos con los que podrían apoyarlo y no entienden ni aceptan los movimientos que toma solo y para los que no escucha la voz de los demás.

Y recibe el abrazo del oso, de los que creen que él tampoco está para ser gobierno. Y que la cuestión es hacerle la camita. Como a Susana Villarán.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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