Gimnasio del habla

No exageran quienes levantan la voz para llamarnos la atención acerca de una catástrofe inminente: la desaparición del lenguaje No creo que el asunto sea tan grave aún cuando las evidencias que apuntan hacia ello son cada vez más frecuentes y sobre todo de amplia difusión a través de los medios de comunicación y, recientemente, por la vía de las redes sociales en la internet.

| 11 diciembre 2011 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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De pronto ya no les contamos o leemos cuentos a nuestros hijos, también es cierto que cada vez tenemos menos tiempo para dedicarlo a conversar con nuestra familia o para el encuentro con los amigos y hablar con ellos de lo que sea, pero hablar, ejercitar así el pensamiento y el lenguaje. No sé si en algún momento aparezcan gimnasios que ofrezcan rutinas o dietas para el habla así que mientras tanto propongo en estas líneas algunas formas de incentivar el habla para ejercitar el lenguaje y por tanto el pensamiento.

1. Cuente sus sueños. Por absurdo que le parezca lo soñado trate de verbalizarlo de ponerlo en palabras, busque a alguien que lo escuche Es un ejercicio que puede hacerse en pareja, así de paso ejercitamos la tolerancia ya que la otra parte querrá también contarle lo que soñó.

2. Haga un resumen de su día. Escriba a solas una lista de los cinco (5) principales momentos de su día y lo que vivió en ellos. Le aseguró que cuanto más lo practique más se sorprenderá al comprobar lo importante y valioso de su actuar. Una vez escrito léalo en voz alta para usted o para quien lo quiera escuchar.

3. Tenga una idea y cuéntela. Pensamos a menudo que los creativos son una especie aparte. Falso de toda falsedad, creativos somos todos y lo somos a cada instante. Confíe, crea en esa idea que se le ocurrió y cuéntesela a alguien. Puede también escribirla y luego leerla para usted en voz alta, así protege la autoría.

4. Imagine un absurdo. Cualquiera como por ejemplo “una máquina para saludar a la tía” y describa su funcionamiento, siempre escribiendo y leyéndolo luego en voz alta o también contándoselo a alguno o a muchos. No sólo ejercitará el habla sino desarrollara su inventiva.

5. Hable con sus muertos. Práctica que realizo diariamente a primera hora, antes de tarea alguna. Les cuento a mis muertos todo lo que voy a hacer en el día, primero para que sepan que para mí no están muertos y segundo para apoyarme en ellos y tener al final del día a quien rendirle cuentas.

6. Ofrézcase a hablar en público. Si sabe lo que tiene que decir y conoce a quienes lo van a escuchar entonces no desaproveche la oportunidad de hablar ante ellos, de ser el protagonista, de que lo escuchen.

7. Vea una película y luego cuéntela. Necesariamente en grupo. No sólo ejercitará el habla, sino también la memoria además del manejo escénico al poner en palabras las emociones que vivió cuando vio el filme.

Siete son suficientes, o los toma todos o escoge el que más le acomode o por ahí que se anima a ir probando y luego intercalando, lo importante es que haga algo, que se mueva hacia el propósito de hablar, de ejercitar el lenguaje. Hágalo por usted pero también por los suyos y, por qué no, también hágalo por nosotros.

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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista