Genaro y sus imitadores

Todos hablan ahora de lo que sufren los reporteros de Canal 5 pero nadie dice nada de los reporteros que, en otras empresas periodísticas y televisivas, sufren el escarnio de los salarios de hambre, la burla de los pagos diferidos y el abuso de las represalias si se quejan.

Por Diario La Primera | 14 ene 2009 |    

Hay mucho de cinismo en esto de señalar como sede de todos los desmanes empresariales tan sólo al antro de Panamericana TV, esa pampa bonita donde Genaro ha hecho, con la complicidad de Alejandro Toledo y la banda del Choclito y la ayudita judicial (hoy en retirada) del doctor García y sus vegasvegas, lo que le ha dado la gana y lo que sus mezquinos intereses le han sugerido hacer.

Sé muy bien quién es Genaro porque lo vi y oí vendiendo mi cabeza en la madriguera de Montesinos (video dixit) y porque sé de lo que es capaz.

Fue capaz, por ejemplo, de cortarme la luz para que el programa que ya había prometido eliminar en el SIN no saliera al aire una noche. Fue capaz de interrumpir la electricidad en el transmisor del morro y luego salir a decir que averías imprevistas eran cosa corriente en la televisión. Fue capaz de hacerme la vida imposible para que me fuera de su Canal, cosa que hice aquella noche en que me peleé con él por teléfono mientras su hijo Gustavo, que no sabía nada de los arreglos de su apá, me llamaba en vivo y en directo a una conciliación y quedaba, penosamente, desairado.

A mí no me van a contar, entonces, quién es Genaro.

Pero que sólo se hable de Genaro en un ambiente donde los periodistas están indefensos ante las arbitrariedades y donde hay colegas que reciben sus magros sueldos por goteo gracias a la irresponsabilidad de gente turbia que finge indignarse por lo que sucede en Canal 5, eso es algo que debe de terminar.

¿Cuántos casos como el del respetable pero tantos años callado señor Mariño hay en la prensa de este país?

¿Cuántas razones sociales sucesivas usan algunos para evadir responsabilidades, impuestos y deudas?

¿Cuántos practican aquello de que las deudas viejas no se pagan y las nuevas algún día envejecerán si siguen no pagándose?

Dicho de una vez por todas: ¿Cuánto cinismo hay en esto de acusar a Delgado Parker mientras, por lo bajo, se le emplea casi de ejemplo y se le imita?

Hay radioemisoras que transmiten con un ejército de practicantes sin paga. Hay periódicos que consideran una gracia cancelarle a sus periodistas y administrativos la quincena antepasada. Hay proyectos que se desmontan de la noche a la mañana, clandestinamente, dejando en la calle a quienes se había convocado con la ilusión de nuevos horizontes y mejores sueldos. Hay matutinos serios repletos de “meritorios” que tienen la ventaja de cobrar nada, protestar nada y callarse todo. Hay jefes administrativos que no cobran hace tres meses y que no dicen nada para no terminar de perder el dinero que se les adeuda.

¿Hubiera podido Genaro Delgado Parker hacer lo que ha hecho sin la impunidad que impera en el Perú para los violadores de las leyes laborales?

¿Y los cojones de los periodistas?

¿En qué guerra imaginaria se perdieron?

¿Qué miedo los emasculó?

¿En qué Gaza virtual se asustaron para siempre?

¿Y la Federación? ¿Y el Colegio de Periodistas? ¡Basura!

¿Y la CGTP? ¡Se cuida! ¡No vaya a ser que los periódicos recuerden lo del tiro en la noche!

Genaro es un canalla crepuscular, sí, por supuesto. ¿Pero y los chistosos que son sus imitadores?

¿Y no será mucho más sano que el Canal 5 sea licitado en juego libre y limpio en vez de regresado a las manos de quienes fueron socios o secuaces del viejo ese angurriento –sí, me refiero al Schultz Landázuri ése- que se vendía en maletines y cuya alma cabía en un monedero?

¿Y el mafioso mexicano que detenta, personalmente, las acciones mayoritarias de Canal 9 (donde trabaja su cajera automática, alias “gallina de los huevos de oro”) y, a través de testaferros, el paquete mayor de Canal 13 y el treinta por ciento de Uranio 15?

¿O es que hay una ley para mafiosos foráneos que ponen a Lúcar a distraer a la cazuela y otra ley para los peruanos tontos que la cumplen?

Y los comentaristas escritos de la TV, ¿por qué se callan tan vigorosamente?

Y los peruanos, en general, ¿por qué se equivocan de hache y tienen más horchata que hematíes?

¿Y no es que los periodistas tienen como primer deber el de no mentir? Y cuando son maltratados hasta la náusea, ¿no deberían contárselo a sus lectores?

En el Perú hay, desde 1532, una huelga general de testosterona.


    César Hildebrandt

    César Hildebrandt

    Opinión

    Columnista