Gasoducto sur andino: rentabilidad y crecimiento con responsabilidad socioambiental

Es indudable que nuestro país necesita avanzar hacia un sistema que permita una mayor cobertura y una mayor seguridad de la energía para todos los peruanos, sobre todo en la Región, de donde se extraen los recursos gasíferos.

| 30 octubre 2012 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.2k Lecturas
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Se sabe que la puesta en funcionamiento del gasoducto sur andino tendría un impacto cercano al 1% del PBI, requiriéndose para su construcción al menos 5,000 millones de dólares, presupuesto significativamente mayor en relación al costo del actual ducto de TGP (Transportadora del Gas del Perú).

Dada la magnitud del proyecto, se requiere de los más altos estándares ambientales y sociales para su construcción y puesta en operación, pues las negligencias en esta actividad pueden generar daños significativos a las fuentes de agua, especies importantes para la alimentación de las personas o enfermedades.

Serviría de mucho si se tomaran en cuenta las lecciones aprendidas del actual sistema de transporte por ductos de Camisea. En éste se exigió, por ejemplo, la creación de programas de monitoreo participativo y se creó un Fondo que buscó contribuir al desarrollo sostenible de los departamentos por donde pasan los ductos. Acciones como estas deben ser exigidas a las empresas que participen de la construcción del gasoducto sur andino, con el fin de mejorar la gestión ambiental y social en el área del proyecto.

Otras lecciones aprendidas del actual ducto es que es necesario brindar asistencia técnica a las autoridades locales en el aprovechamiento de los recursos provenientes del Canon, así como mejorar los mecanismos de coordinación de los tres niveles de gobierno (local, regional y nacional) y fortalecer a las entidades fiscalizadoras ambientales, para que puedan cumplir con su rol. Siempre un proyecto de esta envergadura es una oportunidad para revisar las deficiencias que tiene el Estado y promover las mejoras necesarias.

Lamentablemente, nuestro país no maneja un discurso que integre todos estos temas, pues para la toma de decisiones sobre los proyectos siempre se prioriza el punto de vista económico y los temas ambientales y sociales solo cobran notoriedad cuando surgen los conflictos.

Sin embargo, la puesta en marcha del gasoducto sur andino debe antes resolver algunos asuntos pendientes como certificar la existencia de las reservas de gas suficientes que lo hagan viable y rentable, de lo contrario solo se estarán generando expectativas, que podrían derivar futuros conflictos.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es la necesidad de transparencia y claridad en los mensajes respecto a las múltiples propuestas sobre el aprovechamiento del gas. Por ejemplo, en la Región Cusco muchos actores importantes consideran que la puesta en marcha del Etanoducto anularía las posibilidades de construcción del gasoducto sur andino.

Por último, es necesario coordinar con los gobiernos regionales donde se desarrollará este proyecto, dado que estos vienen promoviendo proyectos distintos a los priorizados por el Gobierno Nacional, como la petroquímica.

Todo esto, no hace más que evidenciar que hace falta un mayor debate sobre el gasoducto sur andino en espacios públicos, sobre todo en las regiones involucradas, con el fin de difundir mensajes claros sobre el proyecto y discutir las preocupaciones en torno a los aspectos sociales ambientales de este tipo de proyectos.


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Bettina Reyna Ugarriza

Amazonía y Buen Gobierno

Derecho, Ambiente y Recursos Naturales - DAR

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