Gas de Camisea: gran oportunidad perdida

Quillabamba mantiene su huelga indefinida reclamando que el gas de su subsuelo sirva para el consumo interno de la región y no para la exportación.

Por Diario La Primera | 07 ago 2010 |    

Otras provincias de Cusco y del sur se pliegan a esa protesta mientras el gobierno insiste en no negociar mientras el pueblo proteste. Otra vez estamos en el país al borde de una confrontación. Si el gobierno tuviera una mínima voluntad de oír y conversar el peligro de otro baguazo podría evitarse, pero hasta ahora le parece más importante la “seguridad jurídica” que los contratos firmados por los gobiernos con las empresas multinacionales impondrían. No es tomado en serio el anuncio del presidente García en su discurso del 28 de julio para renegociar las regalías de las empresas porque su capacidad para no respetar sus promesas está debidamente probada.

En la historia de la protesta de Quillabamba se encuentra un momento más de la peruanísima tradición de los gobiernos peruanos para regalar los recursos a las empresas multinacionales. La Shell exploró la región y encontró lo que ahora se llama “el gas de Camisea” pero se fue y dejó tendida la mesa. Ese era el momento para que Petroperú, siguiendo el ejemplo brasileño, se encargase de explotar ese gas, abastecer el mercado interno, convertir el gas en electricidad y venderlo con un importante valor agregado. ¿Qué hizo el gobierno peruano de entonces? Ofrecer el gas a las empresas multinacionales, regalárselo en los hechos, y consolarse con unas regalías. ¿Qué recibieron los altos funcionarios del gobierno por el regalo de Camisea?, ¿Sólo las gracias por el “pequeño favor” o una coima suficientemente grande como para convertirlos en millonarios? Conviene no olvidar que la corrupción es un principio de funcionamiento del sistema capitalista.

Si el guano, el salitre, el petróleo, los minerales, el algodón y la caña de azúcar hubiesen sido explotados por el Estado y o por empresas peruanas, las ganancias se habrían quedado en Perú y nuestro país sería parte del primer mundo capitalista desde mediados del siglo XX. Hoy, el señor García y sus amigos de las grandes empresas mineras quieren hacernos creer que con las regalías de las empresas multinacionales (Algo más del 20% de la riqueza que sale del país) ya estaríamos cerca del primer mundo. No hay país alguno del primer mundo que tenga precios de Miami y sueldos de África como Perú. No son suficientes los miles de obras públicas y de kilómetros de carreteras asfaltadas. ¿En cuántos años cree el Sr. García que los salarios peruanos serán multiplicados por ocho para alcanzar los estándares del primer mundo?

Entre tanto, el gobierno y sus técnicos siguen con el cuento del respeto de los contratos. Aquí y en cualquier parte del mundo se puede cuestionar y cambiar los contratos. Evo Morales dio el ejemplo: Bolivia recibe ahora el 82% y las empresas el 18% que antes correspondía al Estado. La inversión de las proporciones no produjo el terremoto que se esperaba. Aún hay tiempo de renegociar en serio los contratos.

    Rodrigo Montoya Rojas

    Rodrigo Montoya Rojas

    “Navegar Río Arriba”