Garotiña con susto

La loretana Silvana Gutiérrez, de veinte años de edad, una lectora asidua de esta columna, está con miedo, porque un europeo que dice ser millonario le ha enviado hasta su trabajo un fajo de euros para que vaya a casarse con él cruzando el océano, luego de unas conversaciones gracias a la Internet.

| 03 setiembre 2011 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.5k Lecturas
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—Señor Escorpión. Quiero pedirle un consejo. Ocurre que un español que dice ser millonario quiere casarse conmigo y me ha enviado mil ochocientos euros para que yo viaje a Madrid. ¿Qué hago?

—No me trate de señor. Somos amigos, ¿no? No sé qué decirte. ¿Cómo lo conociste, le pediste plata o qué?

—Lo conocí por Internet. Yo me gano la vida como secretaria en una academia preuniversitaria en el Cercado de Lima y el sueldo no me alcanza para nada.

—¿Entonces le pediste dinero?

—Solo le dije que no tenía. Le cuento que cierta vez por la cámara web le bailé una música de mi tierra y el español dijo que quería casarse conmigo. Pensé que estaba mintiendo. Luego me pidió mi dirección y yo le di la de mi trabajo.

—Noto que tienes la virtud de la coquetería y que no sabes ser prudente. Eso de bailar en una cámara web es cosa seria aunque no lo parezca, porque no sabes cuáles son las intenciones del español.

—Tiene razón; pero qué hago. Hace dos días, a mi trabajo llegó un fajo de dinero y yo estoy mal, porque me siento una chica mala.

—Creo que la honestidad no tiene precio y es la única llave de la verdadera felicidad. Eso es así. Creo que debes devolver el dinero.

—Es que no quiere que le devuelva nada y yo lo necesito.

—Tranquila. Dile que no quieres su dinero y que no puedes viajar a Madrid o ¿si quieres?

—No. Tengo miedo. Ya le dije que no viajaré; pero igual él insiste e insiste en que me quede con el dinero.

—No sé qué decirte. Yo no soy consejero de loretanas coquetas en problemas.

—No me trate así. Yo soy su lectora; por eso le cuento mi problema. Le tengo confianza.

—Bueno, gasta el dinero exclusivamente en lo que necesitas. Nada de frivolidades. Quizá puedas pagar con ese dinero un curso para que te asciendan en tu trabajo. No sé.

—¿Y qué le digo?

—Creo que debes tener una relación de amistad con él. Nada de estar bailando en la cámara web. Eso no se hace. Nadie sabe la verdadera identidad del otro con quien estás chateando. Si insiste en casarse contigo dile que las bodas en Lima son más hermosas. Nada de estar viajando lejos de tu país. Ya estás lejos de tu familia que está en Loreto como para empeorar las cosas. Trabaja duro, estudia duro, garotiña.

—Gracias. Pareces un viejito bueno.

—No sea confianzuda. Hasta pronto.


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