García en su peor momento

De Toledo pueden decirse muchas cosas terribles, pero no que a la hora de la derrota, después del arequipazo de 2002, hubiese querido insistir en la decisión que ya había fracasado. No sólo fue capaz de retroceder la privatización de las eléctricas que ya había sido firmada, sino que se detuvo todo el plan de traspaso de las últimas empresas públicas. Si hubiera intentado negar lo que había pasado hubiera precipitado una situación de ingobernabilidad que difícilmente le hubiera permitido llegar al 2006.

Por Diario La Primera | 24 ago 2008 |    

García está ante un dilema semejante, con la desventaja que representa su carácter y la fuerza de su compromiso con las grandes empresas. Sin duda la batalla ya estaba perdida cuando la comisión de Amazonía del Congreso votó por unanimidad la derogatoria de las leyes anticomunales. Si García fuera el animal político que se dice que es, habría entendido que le tocaba guardar silencio y dejar que las normas fuesen derogadas, no sólo porque no tenía la mayoría para ello, sino porque ya no podía doblegar la insurgencia de los nativos.

Pero se jugó a presionar agónicamente por una no derogatoria, que tenía todos los visos de derrota anunciada, obligando finalmente a su partido a morir con él, mientras sus aliados fujimoristas aparecían al otro lado de la cancha y sus amados tránsfugas quedaban borrados del mapa. De esta forma aseguró que la votación 66-29, se interpretara directamente como un voto contra García, y que la celebración en Bagua y otras partes de la selva fuese una sonora cachetada en el rostro.

Con la amargura de la derrota, los dirigentes del APRA han dicho que todavía cabe la observación de la ley de derogatoria por el Ejecutivo. Pero eso sería algo muy cercano al suicidio político. Equivaldría a afianzar la mayoría de circunstancia que se manifestó el viernes y probablemente marchar hacia una nueva derrota cuando tuviese que volverse a votar en el Congreso. Pero, sobre todo, lo convertiría en enemigo jurado de las comunidades, no se sabe con qué consecuencias.

La que se le viene a García tiene que ver con el rechazo a muchos otros decretos del TLC, como ocurre con el resto del paquete agrario, minero y amazónico, la ley de las cuotas de pesca, la de puertos y empresas públicas, la que establece como “pequeñas empresas” con derechos laborales reducidos hasta el nivel de los 100 trabajadores, etc. Pero también con la radicalización de las protestas, la baja aún más profunda en las encuestas, el aumento de los problemas económicos. Y en el otro lado, por la quiebra de una mayoría parlamentaria construida con arte de tahúres, el aumento de la capacidad fujimorista para chantajear al gobierno, y la ruptura definitiva del bloque de derecha que eligió a García contra Humala.


    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista