Ganó premio y perdió plata

Cuando llegó a Celendín, sintió un extraño sabor a hierba, un raro aroma que el viento acercaba a la ciudad desde los cerros poblados de vegetación silvestre, que le da un tono de selva a la provincia cajamarquina.

| 16 setiembre 2011 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.9k Lecturas
1994

Sin embargo, Toño no viajó desde Lima hasta Celendín, específicamente al distrito de José Gálvez, para sentir el aroma de sus calles antiguas sino para sentir el sabor del triunfo, después de tantos años de derrotas constantes desde que a la edad de doce años le dieron un premio por haber ocupado el primer puesto en aprovechamiento entre todos los estudiantes del sexto grado de primaria.

Toño se prepara ahora para cumplir 35 años de edad y al fin siente que su trabajo es reconocido y que no fueron en vano sus lecturas y sus intentos por lograr una prosa que le guste a sus amigos y también a él que es tan exigente.

Cuando lo llamaron desde Celendín para anunciarle que había ocupado el primer premio del concurso de cuentos “Libro Verde. Garza Blanca”, organizado por el municipio provincial, Toño caminó como zombi de felicidad horas y horas por las calles de Miraflores y en la caminata gastó casi cien soles en línea para compartir su alegría con sus amigos.

Llamó a su mamá, que después de enviarle besos porque no lo veía desde hace un buen tiempo, le dijo con una dosis de ironía: “Ya era hora, hijo”. También llamó a las mujeres de su vida que siempre sabían que participaba en concursos, pero que nunca sintieron la alegría de su triunfo. Una de ellas le dijo: “Al fin te hacen justicia. Para algo sirvió que me dejaras tantas veces tirando cintura por culpa de los libros”.

Le contó a su papá, quien por suerte daba vueltas, como buen viajero, por el norte de Cajamarca. “Me alegra tu triunfo, hijo, pero estoy sin plata”. “No te preocupes, papá, quiero que estés conmigo en este día”.

Se compró pantalón, camisa y hasta zapatos nuevos para estar presentable en la ceremonia de premiación, en la cual se quedó con las ganas de lanzar su discurso sentido e emocionante. Le dieron mil soles y le prometieron publicar su relato en un libro junto con los otros cuentos que no tuvieron suerte en el concurso.

Esa noche, comió junto a su padre un suculento pollo a la brasa. “Hace cinco años que no comemos juntos”. “Así es, pues, hijo”. Fue al hotel más caro del distrito y antes de dormir sacó su cuenta y todo lo que había gastado en el viaje ascendía a mil quinientos soles, quinientos soles más que el premio. “A la mierda”, dijo y se durmió.

¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.



...

El Escorpión

El Escorpión

elescorpion@diariolaprimeraperu.com