Fujimorismo parlamentario

La unanimidad en el voto de la bancada fujimorista, por ejemplo, para la sanción a Javier Diez Canseco, no es una evidencia de funcionamiento de partido como se pretende, sino una secuela de los años en que encarnaron un régimen dictatorial, con un Congreso de soporte que aprobaba sin fisuras el mandato de Palacio.

| 20 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 611 Lecturas
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Recuérdese que desde 1993 hasta 2000, el modelo fujimorista de Congreso se resumió en una mayoría aplastante que no escuchaba la opinión ajena, copaba todas las comisiones y sacaba decisiones en una sola noche atropellando el debate.

El único derecho de minoría que se reconocía en esa época era el del pataleo, que también estaba restringido porque se limitó hasta donde se pudo el uso de la palabra, bajo la idea que el mejor Congreso era el que discutía menos.

Cuando Fujimori perdió la mayoría absoluta en la votación dividida del año 2000 (año de la re-reelección), entró a tallar el asesor para comprar adhesiones secretas de miembros de otras bancadas hasta lograr eliminar el riesgo de que el gobierno pasara a constituirse en una minoría si todos los demás votaban en su contra.

Así, el concepto de voto cerrado no era el usual entre los partidos que debaten y definen lo que van a votar, y todos saben que dentro del bloque hay minorías, sino un mecanismo directo de poder, que lo que muestra es fuerza y no racionalidad, semejante al que con tan mal resultado quiso emplear el nacionalismo el jueves, logrando dispersarse y mostrar una imagen de fragilidad.

La organización del fujimorismo, incluida su fracción parlamentaria, se concibió como una maquinaria que se oferta en el mercado político. Si no fuera por su carácter compacto, valdría mucho menos como proyecto de poder.

De ahí que en una cosa tan oscura como la acusación a Diez Canseco, lo que pesase no es la razón del caso, si no el nivel de enfrentamiento que mantienen con el congresista de izquierda. Y ahí la orden era no mostrar fisuras, aunque no se supiera por qué se estaba votando.

Por increíble que parezca, votan por la ética de interesarse en el destino de las acciones de inversión de la que son titulares trabajadores y ahorristas de las AFP, miembros de una bancada que fue financiada en su campaña por las empresas mineras y sacan la cara sin problemas por estos grandes intereses particulares.

Ni qué decir del congresista proxeneta, del robatierras y robaagua del norte chico, del rey de las fotocopias que agitaba delincuentes en La Parada, etc. Todos además herederos de un régimen que desapareció miles de millones de dólares y cuya única excusa es echarle la culpa de todos los latrocinios al detalle a Montesinos.

Pero una máquina es una máquina y se opera a punta de botones de comando. Ya quisiera Ollanta Humala disponer de una bancada que no piense, no discuta y no se mire a sí misma a la hora de votar.

De ahí la ironía del jueves en la que los fujimoristas parecían más que los nacionalistas, y en la que a una organización de borregos que votan cerrado hasta lo que no entienden, se le sumaron unos aprendices de lo mismo que no tuvieron la claridad ni la maña suficiente para mantener su propia unidad.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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