Fujimori y sus pesadillas

1).- Por lo general, los presos que poseen las cualidades que le permiten pintar un óleo, buscan reinventar paisajes de la naturaleza, el horizonte del mar azul o el vuelo de una bandada de pájaros. Pero hay algunos que gozan al pintar su autorretrato. Y unos pocos que lo hacen de manera obsesiva. Pareciera que quisieran captar el rostro de quien vivió momentos felices en el pasado (por ejemplo, la foto tomada por Kenyi que muestra al presidente Fujimori metido entre las sábanas con dos periodistas geishas recostadas en su cama). Recuerdos de su esplendorosa época cuando gozaba del poder omnímodo; no la asustada cara que tenía cuando huía raudamente a buscar asilo en la embajada del Japón, el 13 de noviembre de 1992, creyéndose a punto de perder el poder obtenido a la mala.

| 22 octubre 2012 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 948 Lecturas
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2).- El automático guiño de ojo de Fujimori, como respuesta al dado por Montesinos a su ingreso a la sala en la que se juzgaba al expresidente, fue liquidador para una defensa que hacía todo lo posible para demostrar que Fujimori no sabía de las tropelías de Montesinos; y que su error era el haber confiado demasiado en él. Pero ese incontrolable gesto, automático, con seguridad fue muchas veces practicado entre ambos cuando ya, maltratada la democracia, se conseguían metas y logros utilizando la coima, el fraude y los diarios chicha. Los hijos que fueron espectadores involuntarios de esta aceptada complicidad ¿qué comentarios habrán hecho entre ellos? El calculador exprofesor de matemáticas, dándose cuenta del error cometido ¿pudo dormir tranquilo aquella noche? En la siguiente visita a su padre en la Diroes ¿sus hijos se habrán atrevido a preguntarle el porqué de lo sucedido?

3).- De madrugada ¿se despertará asustado después de creer haber escuchado la voz del niño de 8 años asesinado en Barrios Altos, preguntándole y preguntándole…? Ninguna pastilla para dormir podrá terminar con esa pesadilla que probablemente lo aterrorizará noche tras noche. A lo mejor, recordando los felices tiempos cuando iba a pescar con Kenyi, cuando éste también tenía solo ocho años, de nuevo en sus sueños volverá a presentarse la figura del niño muerto en la pollada, pero cada vez con diferente rostro.

4).- Con seguridad recordará, porque lo tiene que haber visto por la TV, el desentierro en los arenales de Cieneguilla de los restos de lo que parecían ser los estudiantes de La Cantuta, ¿qué sentimiento, angustia y remordimiento debe de haber sentido cuando apareció entre los restos la llave del pequeño ropero de uno de los estudiantes secuestrados? ¿Cuál habrá sido su exclamación, cuando, también visto por la TV, se corroboró que sí era la llave que, soportando el calor al que habían sido sometidos los cadáveres de los estudiantes en el afán de desaparecerlos, todavía servía para demostrar con certeza que los restos encontrados eran los de los estudiantes asesinados? ¡ Y después, no dudar en pedir la amnistía para los asesinos!

5).- Pero, quizás, las últimas pesadillas girarán ante la posibilidad de verse obligado a tener que pedir perdón, ya sin tretas, personal y directamente a los deudos de Barrios Altos y a Cantuta, reconociendo su culpabilidad.

Entonces ¡cómo no va a sentirse deprimido!


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Carlos Tapia

Opinión

Columnista

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