Flor de retama: 40 años

Se cumplen 40 años de vida, de plena vida, del wayno “Flor de retama”, del profesor Ricardo Dolorier. En Huanta como en Ayacucho los campesinos e indígenas quechuas salieron a las calles a protestar porque la gratuidad de la enseñanza estaba amenazada por el gobierno del general Velazco Alvarado.

| 21 noviembre 2009 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.9k Lecturas
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Profesoras y profesores, se plegaron a la marcha, de las manos con sus estudiantes. Pedían y exigían que la educación no dejara de ser un bien común. Sólo tenían la fuerza de sus corazones y voces para cantar y protestar. Fueron recibidos por los sinchis, policías especialistas en reprimir y matar, en cumplir órdenes y en callar. Con la sangre del pueblo se tiñeron de rojo las retamas que amarillaban en las plazuelas de Huanta.

La larga vida de esta canción es fruto de su sencillez, de su melodía feliz y de sus retamas que amarillan nuestro mundo andino. No es un discurso sobre la revolución, de esos que abundan, sin poesía, sin fuerza, sin alma; es sólo un testimonio hermoso de un momento, de una situación límite en la que los seres humanos multiplicamos nuestra capacidad de soñar y sentir. Tiene el ritmo de un wayno bien hecho, de esos que se pegan a nuestros oídos y anidan para siempre en nuestra memoria, sin esfuerzo ni repetición. Tiene también el encanto de la retama, sinónimo de color y vida, que crece libre todo el año donde hay un poco de agua y mucha luz. La trajeron de Europa, pero aquí se multiplicó en bosques y bosques, en todos los valles interandinos, y es parte de nosotros, tanto como la flor del qantu o el waylla ischu, la cantuta o el ichu tierno.

Mientras en algún punto de Perú se repitan los abusos de opresores con nuevos nombres sobre el pueblo que sale a las calles a exigir sus derechos, seguiremos cantando ¨Flor de retama¨. Si los abusos se acabasen -digo, en un decir- en centenares de plazuelas y miles de bosque las retamas amarillarán y seguiremos cantando sus versos. El viernes 6 de noviembre último, la fiesta de la canción ayacuchana y el homenaje a Ricardo Dolorier en el Parque de Lima, fue un hermoso espectáculo, lleno de sentimiento y alegría, de gratitud y admiración, de amistad y complicidad, también de amor y esperanza. Nada pudo el frío limeño de cielo abierto hasta el borde de la media noche con el calor y dulzura de La flor de retama, cantada y bailada por todas y todos, con las manos apretadas.


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Rodrigo Montoya Rojas

“Navegar Río Arriba”