Fin de La Parada

La Municipalidad ha dicho que La Parada ha perdido su categoría de Mercado Mayorista y que este título lo tiene ahora el centro de abastos en San Anita, que recibirá los alimentos en gran escala desde este domingo. Se vienen días de enfrentamientos entre la Municipalidad y los comerciantes renuentes al cambio.

Por Diario La Primera | 21 set 2012 |    

La opinión pública está de acuerdo en que Lima necesita un nuevo mercado de manera urgente. Nadie quiere a La Parada, que es foco de la delincuencia, el caos y el desorden. No parece mercado sino un lugar donde se han confluido todos los males de la ciudad. Es un mundo sombrío, sórdido, un paisaje infernal donde convive el malvivir en todas sus formas. Pero desde ahí se han abastecido todos los mercaditos de Lima, una ciudad que ahora merece al menos, un centro de abastos adecuado, moderno, como las grandes capitales de América. Los alcaldes anteriores le han corrido a la responsabilidad de sacar adelante el nuevo mercado mayorista. Ahora, Villarán se ha puesto fuerte y quiere que de todas maneras la ciudad tenga el centro de abastos que merece. El reto es grande y los críticos a su gestión abundan, pero, finalmente, al parecer, el domingo empezará a funcionar el nuevo Mercado Mayorista de Santa Anita. Es verdad, nadie está contra el derecho al trabajo de los comerciantes críticos a la decisión municipal. Pero la idea es que el trabajo se ejerza en orden y respetando las normas municipales. Es curioso que en estos días haya ataques contra Villarán, cuando deberían apoyarla en su decisión. Lo que pasa es que los enemigos de la gestión de la alcaldesa se han dado cuenta de que si el mercado de Santa Anita empieza a funcionar será un logro enorme, que varios alcaldes anteriores no lo han podido conseguir. Por eso, quieren que fracase. Por eso, atacan. Lo cierto es que quienes aparecen en la grita de ¡no a Santa Anita! no son siquiera los que venden papas u hortalizas; son los “padrinos” y “madrinas” que alquilan puestos, ponen y sacan comerciantes y acumulan fortunas sobre un área que parece revivir los oscuros y pestilentes vericuetos de las cloacas parisinas del siglo XIX que el escritor Víctor Hugo pintó en su novela “Los Miserables”. Esos no son los comerciantes, que cargan bultos hasta doblarse las espaldas; son los “dueños”, los reyes de La Parada. A ellos les importa un grano de anís, la delincuencia, el alcoholismo, la drogadicción y prostitución callejera al interior de muchos puestos de ese mercado. No les interesa que Lima respire la hediondez ni sus miles de ratas que conviven con los alimentos durante más de 80 años.


    El Escorpión

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