Fiesta en Washington

Si usted tiene dinero y quiere invertirlo en merodear la Historia -sí, esa con mayúsculas- entonces piense en estas opciones ofrecidas por la ciudad de Washington para el día en que el señor Bush le entregue al señor Obama, entre otras cosas, el maletín nuclear con el que se puede desterrar la vida de este planeta.

| 18 enero 2009 12:01 AM | Columnistas y Colaboradores |454 Lecturas
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Digamos que las opciones baratas ya están totalmente agotadas. Me refiero a los departamentos con vistas que sus dueños han alquilado por mil dólares para ese día y a los hoteles medianos y pequeños que han vendido todos sus paquetes, los que oscilan entre 2,000 y 25,000 dólares y cubren de tres días a una semana de visita a la ciudad.

No estoy seguro pero debo suponer que algunas de las mansiones que se han puesto en alquiler todavía pueden estar libres. La que no lo está, definitivamente, es la del republicano Fred Thompson, quien logró que alguien le pagase 30,000 dólares por estar cinco días en la suya, próxima al río Potomac.

Podría usted averiguar si en algún condominio de lujo queda algo, aunque es importante advertirle de que las tarifas no bajan de 5,000 dólares por día para usted y su familia.

Pero supongamos que usted tenga tanto dinero que hasta podría ser un personaje de John Dos Passos (caricatura izquierdosa) o Scott Fitzgerald (dramatización empática). Entonces, no lo dude: estas son sus alternativas si todavía está a tiempo:

Por un millón de dólares, cuatro suites presidenciales y 200,000 dólares en diversas bebidas en el hotel J.W. Marriott de la Pennsylvania Avenue, con vista al desfile y a la Casa Blanca.

En realidad, sólo logrará algo parecido en un escenario de imitación porque el multimillonario negro Earl Stafford, y su Stafford Foundation, ya tomaron esta oferta, aunque con fines filantrópicos. En efecto, el señor Stafford, dueño de la Universal Systems and Tecnology y que fuera piloto de bombarderos en su juventud, invitará a sus balcones a algunas decenas de afroamericanos pobres en un gesto democrático que, seguramente, el señor Obama sabrá agradecer.

Demás está decir que el Sttafford fue un pundonoroso aportante de la campaña electoral del señor Obama.

Como tierno detalle tenemos que decir que los negros desfavorecidos invitados por el señor Stafford al Marriott lucirán vestidos de gala proporcionados por su fundación (aunque después habrán de ser, como era de esperarse, devueltos) y serán peinados y hasta maquillados en salones de belleza especialmente contratados.

El viejo hotel Omni Shoreham ha ofrecido, por su parte, un paquete que se llama “Comandante en jefe” y que cuesta la módica suma de 440,000 dólares. Esta inversión para su autoestima es, en realidad, un kit de lo más gratificante: avión privado (Jet Lear), asistente y chofer, un fotógrafo que no se separará hasta que la jornada haya terminado, una limosina de aspecto blindado y, para terminar, un viaje en primera clase a San Petersburgo para una cumbre con su “homólogo ruso”.

Todo esto, desde luego, se producirá con el realismo, el vestuario y la verosimilitud propias de una puesta en escena. Es decir, durante una semana usted estará convencido de ser el “comandante en jefe” y quizá hasta sienta la urgencia de conversar con el señor Ehud Olmert para coordinar alguna nueva operación de limpieza.

La corresponsal de la BBC en Washington, Rebeca Logan, nos hace notar que esta oferta del Omni Shoreham incluía un “perro presidencial”, pero este último detalle se ha tenido que suprimir dada la protesta de algunos grupos defensores de los derechos animales.

Como se ve, todo en Washington es alegría y suntuosidad y todo parece un cuento de hadas, príncipes encantados y castillos amables. Esta atmósfera de fantasía y lujo habrá de coronarse en la cena de gala que Spike Lee, Susan Sarandon, Oprah Winfrey y otras estrellas ofrecerán al presidente Obama para recaudar fondos con fines también filantrópicos. Todas las entradas se han vendido, aunque cada una ha costado 10,000 dólares.

Al día siguiente de haber juramentado en medio de tanta esplendidez, el señor Obama se reunirá con su equipo económico para ver qué se hace con los otros 700,000 mil millones de dólares que son necesarios para evitar la quiebra técnica de la economía de los Estados Unidos. Pero ese es un detalle que no perturbará para nada la fiesta inolvidable de los días 19 y 20.

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César Hildebrandt

César Hildebrandt

Opinión

Columnista