FF.AA.: Magia para convertir lo obligatorio en voluntario

En mi columna del domingo 3 de marzo último, traté de llamar la atención sobre los muchos beneficios que el Gobierno del comandante Humala ha ofrecido a las fuerzas armadas y policiales. Dije también que para redondear el servicio completo faltarían un indulto al reo Fujimori y una ley de amnistía general para los militares presos y enjuiciados. Desde hace cuatro meses todas las compras militares son un secreto y ningún ciudadano puede preguntar o cuestionar la libertad extraordinaria de los militares para comprar lo que quieran y como quieran.

| 31 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.3k Lecturas
FFAA: Magia para convertir lo obligatorio en voluntario
El ideal de servir a la patria se tergiversa con un sorteo de servicio militar que nadie sabe cómo se realizará.

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“Desde hace cuatro meses todas las compras militares son un secreto y ningún ciudadano puede preguntar o cuestionar la libertad extraordinaria de los militares para comprar lo que quieran y como quieran… Está también en camino un nuevo decreto para liberar de responsabilidad a los militares que hagan usos de sus armas en cumplimiento de sus obligaciones…”.

“Hoy, los jóvenes no escogen voluntariamente ir al Ejército y faltan varios miles por año para cubrir las plazas previstas. La nueva orden del comando parte de una convicción profunda: si voluntariamente no van, que vayan a la fuerza. Al obligarlos a ir a servir ‘voluntariamente’ a la patria, lo que el gran Comando conseguirá es alejarlos más de ese ideal”.
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Unos días antes de la llamada Semana Santa, los militares vuelven a hacer noticia gracias a un decreto ley que inconstitucionalmente enmienda una ley para convertir el servicio militar voluntario en obligatorio y sancionar y castigar a los jóvenes que no acepten ser llamados a servir a la patria. Está también en camino un nuevo decreto para liberar de responsabilidad a los militares que hagan uso de sus armas en cumplimiento de sus obligaciones.

Los altos jefes del Comando Conjunto de cada una de las fuerzas armadas son personas que saben leer y escribir, que hablan un castellano sin problemas mayores y que en la vida cotidiana distinguen bien lo que son un acto voluntario y otro de carácter obligatorio. Por un misterio particular, ese manejo mínimo del idioma es olvidado cuando las mismas palabras son parte de un decreto ley.

El sistema mental militar permite razonar a partir de algunos principios como el que se enuncia de modo categórico: la ley se cumple sin dudas ni murmuraciones. Si la ley dice que la imposición de un sorteo, las multas y castigos para los jóvenes que no quieran ir al Ejército, son solo una aplicación de la ley del servicio militar voluntario, así tiene que ser, así será y punto. Si eso dicen los grandes jefes, quienes siguen debajo no tienen derecho a dudar. Debiera preocuparnos que el primer ministro Jiménez, formado en la Pontificia Universidad Católica, esté convencido también de que las palabras voluntario y obligatorio sean sinónimas.

Hoy, los jóvenes no escogen voluntariamente ir al Ejército y faltan varios miles por año para cubrir las plazas previstas. La nueva orden del comando parte de una convicción profunda: si voluntariamente no van, que vayan a la fuerza. Al obligarlos a ir a servir “voluntariamente” a la patria, lo que el gran Comando conseguirá es alejarlos más de ese ideal. No se trata de saber si las propinas y salarios que reciben los soldados voluntarios son suficientes o no. La clave del problema es el ejemplo que los jefes militares han dado y dan con sus acciones, y no con sus encendidos discursos del ritual militar católico de todos los años. ¿Quieren los jóvenes seguir el ejemplo de los jefes militares?, ¿quieren los jóvenes ir al VRAEM luego de tres o seis meses de entrenamiento? Como ya se puede ver en TV, parte de lo que ocurre en los frentes de combate, parece que los jóvenes no quieren verse en esos espejos.


Los S/. 1800 de multa sería la coima legal de las fuerzas armadas.

Salir, en el Perú, del servicio militar obligatorio para unos cuantos y pasar a otro voluntario en serio parecía un paso maravilloso que anunciaba nuevos tiempos para dejar en el olvido la leva racista e inhumana, obligatorio solo para los llamados indios y para los jóvenes de las capas populares urbanas y nunca para los hijos de las clases altas y las capas medias. La leva era un acto de corrupción estructural de la sociedad peruana en general y de las fuerzas armadas, en particular. Bastaba que un capitán en una provincia andina dijese que el joven sorteado estaba enfermo para liberarlo de esa responsabilidad a cambio de un carnero o una cantidad de dinero. El sufrimiento por servir a la patria es una dolorosa página en la historia republicana del país. Cito aquí un verso de un huayno ayacuchano que aprendí en Puquio hace 55 años: “Cuando tenía mis 20 años/ en el sorteo me presenté/ me había tocado/ una balota blanca/ balota blanca para llorar”. Solo los dolores intensos y profundos pasan de la vida cotidiana a los versos de las canciones.

Hace más de 20 años vivía yo en Barcelona cuando en España comenzó un movimiento de los llamados insumisos que se extendió por todas partes. Eran jóvenes que preferían ir presos antes que convertirse en soldados por orden de unos jefes y no de su propia conciencia. Objetores de conciencia fue también el modo de nombrarlos en Francia y otros países. La prisión de muchos sirvió para que en pocos años se eliminase esa obligación. Felizmente, en Europa, Estados Unidos y en gran parte de América Latina dimos también ese paso. Antes, en Costa Rica, el cuestionamiento fue más lejos hasta el punto de tomar la decisión de no tener un ejército. En 1952, la revolución boliviana disolvió el Ejército, pero 15 años después se formó uno nuevo. Cuando tuve la edad de ser sorteado para ir al Ejército, era yo estudiante de Antropología en San Marcos. Dar armas a estudiantes universitarios y enseñarles a disparar era ofrecerles “un favor a los comunistas”. En ese tiempo no se hablaba aún de terroristas. No sé si ese mismo argumento sirve ahora para pretender excluir a los estudiantes universitarios del nuevo sorteo.

El Perú será un país más democrático cuando no se confunda más lo obligatorio con lo voluntario. Que los derechos circulen con la fuerza y la energía de aquella cumbia colombiana que nos recuerda: “Cuando las ganas se juntan”.

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Rodrigo Montoya Rojas

“Navegar Río Arriba”