Fe de ratas

La última vez que vi que se cambiaba una política a través de una “fe de erratas”, fue cuando García ordenó a El Peruano incluir, como si hubiera sido un error de olvido, el Estadio Nacional en el paquete inicial de colegios emblemáticos y centenarios, lo que al final representaría un gasto total de casi 300 millones, después de haberlo estimado en más o menos 20 millones. Ahora Ollanta acaba de recurrir al mecanismo luego de protagonizar una breve comedia de equivocaciones en relación al nuevo reglamento de disciplina de la Policía Nacional.

| 15 diciembre 2012 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 741 Lecturas
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Todo empezó con el Decreto Legislativo 1150, en uno de cuyos artículos se califica como infracción muy grave “tener relaciones con personas del mismo género, que causen escándalo o menoscaben la imagen institucional”, considerándola causal de separación de la institución, y lo que causó el escándalo fue el artículo mismo que consideraba mucho más serio este tipo de casos que otros también normados referidos a incumplimientos en pago de pensiones a los hijos, agresiones físicas a sus compañeros y otros, sancionados con algunos días de rigor, y que estimaba dañino el sexo escandaloso (¿) con personas del mismo género y no de parejas heterosexuales.

La evidencia señalaba que esta era una traducción del espíritu homofóbico, machista y falsamente puritano, que domina los cuarteles y que Ollanta corroboró con la frase de que respetaba lo que piensan las instituciones, como si él no estuviera allí para cambiar entidades públicas atravesadas por estos y otros males.

Bastaba nomás recordar lo que “pensó” la Policía cuando se difundió un video de unas jóvenes estudiantes jugando en sus camas en ropa interior antes de dormir, que era cero escandaloso pero porque alguien lo mandó a los medios significó la expulsión de las implicadas, con el aval de la ministra Cabanillas que también respetaba el pensamiento institucional. O la chica embarazada de la Aviación que también fue despedida por lo que no es causal de expulsión en los hombres.

Parecía, por tanto, que estábamos ante una capitulación más, esta vez hacia el viejo militarismo con uniforme policial. Pero unas horas después nos enterábamos que el asunto iba a ser arreglado con una fe de erratas. Lo que inmediatamente planteaba el problema: ¿lo estaban corrigiendo también al Presidente y al pensamiento institucional?, ¿ya sabía Ollanta lo que iba a pasar y por salir del paso no hizo sino enredarse en sus palabras? Seguro que nunca se sabrá lo que pasó en un mismo día y quién tomó la decisión final.

Pero lo que hay que tomar en cuenta ahora es la errata que propone como nueva redacción: “tener relaciones sexuales que causen escándalo o menoscaben la imagen institucional”.

Y otra vez la discusión va a ser qué es escandaloso y qué no lo es. ¿Gritar demasiado afectando a los vecinos?, ¿hacerlo en sitios prohibidos?, ¿no quitarse el uniforme?, ¿los gays siempre son escandalosos?, ¿por qué le preocupan tanto al Gobierno y a los jefes de la Policía lo que hace su personal con sus genitales? ¿no hay temas más importantes en la disciplina policial?


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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