Por favor

Me siento muy bien cuando alguien, para pedirme algo, se dirige a mí con un por favor. Algo se dispone y se organiza en mi interior para atender lo que esa persona me está demandando, para hacerlo de la mejor manera. Alguna vez no sólo no he usado el por favor sino que tampoco un saludo ha precedido mi solicitud de atención y, entonces, he recibido merecidamente un: “buenos días, señor. ¿En qué puedo servirlo?”, con ese tonito de reproche que envuelve un “debió saludarme primero, señor y, además, pedírmelo por favor”.

| 22 noviembre 2009 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 592 Lecturas
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Qué duda cabe, un trato amable en nuestra comunicación nos hace sentir mejor, más persona, nos muestra mejor dispuestos a la relación. Esto es algo que sabemos desde siempre y que por alguna razón, o quizás por varias, hemos olvidado de utilizar, como si su registro se hubiese borrado de nuestra memoria ¿Que la culpa es de estos tiempos de prisa? ¿Que hay tantas cosas por hacer que no tenemos tiempo para reparar en cortesías? Creo que no debieran importarnos los por qué, sólo debiéramos detenernos un instante y saborear el cómo nos sentimos cuando se nos trata con amabilidad, o cuando se nos pide algo con un por favor o cuando nos saludan, detenernos para darnos cuenta de que esa misma sensación merecen sentir los demás. Trata al otro como quieres que te traten a ti, sentencia que hemos escuchado tantas veces y que practicamos tan poco.

Ser amable, según el diccionario de la Academia de la Lengua, es ser digno de ser amado, es mostrarse afable, complaciente, afectuoso. La cortesía es allí definida como una demostración o acto con que se manifiesta la atención, respeto o afecto que tiene alguien a otra persona y el saludar definido como dirigir a alguien, al encontrarlo o despedirse de él, palabras corteses. Resulta abrumadora tanta demostración de términos de cuya aplicación podemos obtener en nosotros o en los otros una sensación de bienestar, de agrado.

Hay lugares en donde la amabilidad en la atención: saludo y cortesía, se reconoce como un ejercicio profesional. Son esos lugares en donde sentimos que somos realmente especiales, únicos, al menos así nos lo hacen sentir. Un saludo, una atención, unas frases de cortesía, todo esto acompañado de un lenguaje corporal que nos muestran quienes nos atienden a partir de una postura atenta y de un rostro sonriente, relajado, atento, una clara disposición a que nos sintamos cómodos, agradecidos, reconocidos por lo que somos para ellos en ese momento.

Parece fácil y en realidad lo es, proponernos el acostumbrarnos a usar un por favor antes de solicitar la atención de alguien a quien nos dirigimos, a saludar a los demás y a utilizar un gracias como reconocimiento a la atención que hemos recibido. Hablo aquí de poner en práctica esta reconstrucción de nuestra forma de relacionarnos con los demás utilizando lo que llamaremos fórmulas de cortesía cuya aplicación no sólo nos hará sentir bien sino que nos permitirá hacer sentir bien a los demás.


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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista