Fatal 14 de mayo

Stephanie había nacido un 14 de mayo y renegaba de este hecho porque su carácter apagado, casi triste, sin la calidez de los caribeños, se parecía al de su mamá y al de su abuela, quienes habían nacido también un 14 de mayo.

| 25 setiembre 2012 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 772 Lecturas
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Su madre y su abuela coincidentemente habían tenido una hija justo el día de su cumpleaños número 23.

Isabel, la hija de Stephanie, me cuenta que cuando su madre cumplió 22 años de edad se moría por tener una hija. Me dice que eran unas ganas extrañas como si fuera resultado de una magia de la reproducción y tan grande era su deseo que tuvo que casarse con su primo lejano, con quien se lanzó a la fiesta del amor en setiembre, en plena primavera. “Y nací yo, el 14 mayo del año siguiente, justo cuando mamá cumplía 23 años de edad. Me concibieron en primavera, pero tengo el carácter apagado, casi triste, sin la calidez de los caribeños como mi mamá, mi abuela, mi bisabuela”, dice Isabel.

—Ya, Isabel, ¿a qué viene tu relato?

—Es que tengo 22 años y me han entrado unas ganas inmensas de tener una hija, las mismas ganas de mamá.

—A mí ni me mires, ya sabes cuál es mi situación.

—Contigo no, tarado.

—Sin insultar.

—Yo tengo novio pero él no quiere tener hijos y creo que estoy en problemas porque debo cumplir el destino de mis antepasadas, de concebir una hija en primavera para que nazca el 14 de mayo cuando yo cumpla 23 años.

—¿Y si él no quiere, qué harás?

—Lo engañaré.

—¿Te acostarás con otro?

—No, tarado, le diré que me cuidaré y no lo haré.

—Ay, chibola. ¿Y si no concibes a tu hija qué pasaría?

—Caería una maldición y desaparecería toda mi familia. Eso lo sabía bien mi mamá.

Isabel está un poco triste por su destino, callada y meditabunda, apocada y casi melancólica. Aunque en algunos momentos sonríe porque su novio es un sargento del Ejército de quien se enamoró hace poco luego de una extraña conversación. Cuando ella decía que no tenía corazón, el militar le dijo para enamorarla: “Usted sí tiene un corazón, solo que lo tiene golpeado, por un amor mal curado”. “Usted, no sabe”, contestó ella. “Sí sé, sé que puedo enamorarme de ti”. “Nadie se enamora de alguien que no tiene corazón”. “A mí, me partieron el corazón en Loreto y desde aquel tiempo aprendí”. “¿Qué aprendió?”. “Que los corazones se curan hablando”. “¿Hablando?”. “Los corazones se maltratan cuando se empieza un amor sin hablar y cuando no se cuentan las penas”.

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