Falta un ministerio

Los enemigos del Estado, fundamentalistas que creen que la iniciativa privada –indudablemente valiosa e indispensable- es suficiente para todo, seguramente piensan que tenemos muchos ministerios. La cifra es respetable, son 19, si incluimos al Premierato. Pero, definitivamente, necesitamos uno más, y el que falta es el ministerio de Planificación, indispensable si queremos avanzar en forma consistente y coherente al desarrollo.

| 04 agosto 2012 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 844 Lecturas
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Y es que la planificación es indispensable para alcanzar cualquier clase de objetivo. Es necesario planificar una carrera profesional, un hogar, una vida; siempre hay que tener claro a donde se quiere llegar y como hacerlo.

El Perú tenía un Instituto Nacional de Planificación, que fue, poco a poco, dejado de lado por quienes prefieren la improvisación y los cambios abruptos y sin orden ni concierto, hasta que el régimen fujimorista terminó de liquidarlo, imponiendo un régimen autoritario cuyos excesos todavía sufrimos.

Durante el pasado gobierno se creó Ceplan, Centro Nacional de Planeamiento Estratégico, que no ha pasado de ser un organismo de menor importancia, que no desempeña el rol de planificación que el país necesita, para fijarse objetivos de desarrollo en todos los campos y avanzar hacia ellos, independientemente de los cambios de gobierno, aunque cada administración quiera ponerle su estilo a ese avance.

Los objetivos y las acciones de corto y mediano plazo deberán estar en manos del Congreso, pero siempre en función de los grandes objetivos ya definidos, deseablemente por consenso.

Y la planificación es necesaria no solo para el gobierno central, sino también para las regiones, para que los gobiernos regionales tengan un plan al que deberán sujetar su desempeño y sus decisiones, dejando de lado la improvisación y el voluntarismo que tanto daño le han hecho a los pueblos del Perú.

De ninguna manera ello implica rigidez, pues la planificación debe servir como la hoja de ruta crítica, que deja abierta las posibilidades de ir hacia los objetivos por caminos alternativos y hacer ajustes, según lo exijan las circunstancias, en materia de costos, plazos y otros factores.

Sobre todo en el presente período, en el que estamos construyendo la inclusión social, no podemos arriesgarnos a que más adelante algún gobierno, por fundamentalismos ideológicos, personalismos o sectarismos, u otros factores, pretenda desandar lo avanzado. Y para evitarlo se impone la planificación.

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