Falsa mirada sobre el Perú

¿Cuán pobre diablo se tiene que ser para recurrir al insulto gratuito pero “fuerte” (eres un cochino… fo), para contestar ya ni siquiera a una crítica sino a una descripción (director del principal diario palaciego), creyendo que de esa manera se evita cualquier debate sobre las barbaridades que escribe cuando no llena su columna con lo que escriben otros?

Por Diario La Primera | 04 ago 2010 |    

Justamente, si de columnas prestadas se trata ahí está la de Meléndez sobre la “falsa épica de los Cuatro Suyos”, dos veces publicada en el periódico donde el director ha dicho varias veces que la mayor movilización de la historia peruana fue la de los jóvenes miraflorinos en defensa de los diarios expropiados en 1974.

Podría detenerme precisamente en ese caso al que un alcalde sobón le levantó un monumento. De ese punto no salió nada, salvo el bautizo de algunos hijos de su papá que luego han devenido en parlamentarios o periodistas de la derecha. Muy diferente a lo que pasó en julio de 1977, que torció el rumbo de la historia y obligó al gobierno contrarreformista y represivo (más de un año en estado de emergencia) de Morales Bermúdez a adelantar su agenda, convocando a elecciones y a la Asamblea Constituyente.

Por supuesto que fueron esas mayorías que Meléndez llama pragmáticas y mundanas, para retirarlas de la historia, las que llevaron el peso de la movilización de esos años, como la han hecho durante los principales episodios sociales de los últimos treinta años, incluido el arequipazo de 2002, el baguazo de 2009 y el quillabambazo de estos días. En los Cuatro Suyos ciertamente había un sentimiento de clase media, una dirección difusa y contradictoria y una convocatoria radical de la que nadie se hizo cargo a la hora de la verdad.

Pero de ahí a que los 250 mil que se reunieron el 27 de julio, fueron gente de los barrios medios de Lima y de provincias, y peor aún los 50 mil que se enfrentaron a la Policía en el centro de la ciudad, no tenían un núcleo popular vigoroso, sólo lo puede creer el que no estuvo y para el que la historia es una suma de casualidades (a Meléndez se le ocurre que lo “principal” fue que a los gringos le bajaron el dedo al régimen que prohijaron por una década, que es su manera de afirmar que aquí no pasa nada sino viene el impulso de fuera).

Fue al huir a Japón que Fujimori declaró que lo hacía porque temía por su vida. ¿Por qué decía eso? Porque se dio cuenta del ánimo que llevaba la gente que lo desafió en los Cuatro Suyos y que siguió protestando los meses siguientes. Para un régimen que había gobernando con el control de todo, eso era mucho más de lo que podía permitirse. No hubo maniobra sicosocial, jugada parlamentaria o manipulación judicial que revirtiera el estado de rebelión en que quedó colocado el país por los acontecimientos del primer semestre de 2000.

Es precisamente de la importancia de la participación popular y de las clases intermedias en la caída de Fujimori que viene la cuestión de entender lo que pasó después y por qué de tanta frustración acumulada en estos años. Eso es lo que no quieren ver los que se pasaron de fujimoristas, a toledistas y luego a garciístas, sin mayor empacho. Claro, como todo fue dictado por Estados Unidos que dijo a quien apoyar en cada caso, ellos bacán se reacomodaron y ahora se preparan para seguir en lo mismo.


    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista