Faenones políticos

En el 2006, Alan García realizó un faenón electoral al colarse en una puja de a dos y en la que él llevaba la marca de un 70% de peruanos que nunca votarían por él después del desastre de su primer gobierno, y transformar el “peligro inminente” que las derechas habían armado sobre Humala para forzar un voto por el orden, por el “mejor candidato” capaz de detener tamaña amenaza.

Por Diario La Primera | 04 enero 2009 |  649 
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El 2007, el arte de la prestidigitación política se dirigió a convertir la crisis de la educación en un problema de maestros burros sin razonamiento matemático ni comprensión de lectura y respaldados por su organización sindical para no ser evaluados y reemplazados, con lo que consiguió la ilusión de que por lo menos en un sector se hacía algo y colocó a Chang en el ministro más popular, a pesar de que hasta hoy la educación sigue igual que hace tres años.

Efectivamente, ni García candidato era alternativa, cambio responsable o cualquier cosa que pareciera una oferta de gobierno, ni García presidente tenía idea de qué hacer con la educación. Pero que engatusó a mucha gente, ciertamente lo hizo. Y ha vuelto a hacerlo en el 2008 con la operación política más importante: servirse del ex izquierdista radical de los 80 y moderado izquierdista de los 2000, con prestigio regional y ambiciones presidenciales, para sacar al APRA del centro de la crisis de los petroaudios.

Este faenón bravazo dejo estupefactos a muchos: ¿por qué un primer ministro de izquierda cuando el gobierno está cada vez más a la derecha?, ¿qué quiere García dándole poder a un Simon que no tenía medios para actuar en política nacional?, ¿hay una alianza para el 2012, o se trataba más bien de quemar a un posible candidato? Si se mira lo que pasó entre octubre y diciembre de 2008, lo primero que salta a la vista es que García pasó de un relativo perfil bajo y una clara actitud a la defensiva, a volver a ocupar todo el escenario político quitándole todos los espacios a Simon y sus ministros.

Ha sido casi como una división del trabajo: las explicaciones sobre los actos del gobierno más controversiales y desgastadores, así como de los retrocesos, las metidas de pata, propias y ajenas, han estado a cargo del chiclayano; y los discursos económicos, sociales, faranduleros y otros, del más voluminoso demagogo peruano de todos los tiempos. Ahora ya el país se acostumbró a un García que regresa imponente y un Yehude que se despinta cada día. Y como para sellar la faena con una remuneración de éxito, el presidente hace una invitación para que todo opositor venga a su gobierno.

Hagan como mi primer ministro, que… ¿cómo se llamaba este hombre que nombré en octubre, Mauricio? Ah, sí, Simon, Yehude Simon, y verán cómo queda su futuro político.

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Propia



    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista

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