Extraños paralelos

Abimael Guzmán pide la amnistía y Fujimori el indulto. El primero quiere un olvido de la guerra, el segundo tan solo que no se olviden de él. Guzmán pide que la amnistía llegue a Fujimori y Montesinos por tratarse del mismo tema de la guerra. Fujimori solo quiere estar en libertad, no importa lo que pase a los demás de su propio grupo, como ha sido hasta acá.

| 11 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 779 Lecturas
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Abimael Guzmán y sus seguidores están haciendo política con su pedido de amnistía y el rechazo casi despavorido que esto produce en el establishment. Fujimori, sus hijos y partidarios están haciendo política con el indulto, pero de una manera tan torpe y contradictoria que han conseguido reducir las cifras de apoyo a la iniciativa que eran inicialmente altas por un sentimiento inducido de compasión hacia el enfermo, y las propias encuestadoras ya no preguntan sobre el tema para no ponerlo en evidencia.

Al Movadef, que se creó para impulsar la amnistía de Guzmán, le están prohibiendo hasta entregar cartas de protesta, conversar u opinar, y todos hablan o exageran sobre su crecimiento en el Perú y el mundo. Fujimori puede mandar cartas y mensajes, por más extraviados y farsescos que parezcan, sus hijos hablan y pelean sobre el tema, y también diversos voceros, y sus partidarios están muy activos, pero se están aislando tanto con sus errores que ya parecen la otra cara del Movadef.

La fujimorización de la sociedad peruana ha llegado tan lejos que el único distintivo de los fujimoristas es su reclamo de indulto para su jefe. Por los demás, nada diferencia a Lourdes Alcorta de Cuculiza, o a Mulder de Martha Chávez, o a PPK de Keiko, y hasta en el gobierno los reflejos antiterroristas son tan confusos que parecen seguir un guión de Kenji.

Frente a la sociedad asustada se exigen más medidas antiterroristas, del tipo de no recibas la carta, no digas que se arrepientan, ni por acá que vayan a recuperar derechos políticos, no les digas peruanos, es decir, cosas de caviar que es la nueva manera de ser “débil” ante Sendero, y mientras tanto Movadef no cesa de crecer.

Si fuera por las encuestas, el Perú estaría cercado por los terroristas. Si fuera por Cuculiza, con Fujimori en el gobierno no habría pasado tal cosa que en realidad no ha pasado, y que si hay Vraem aún caliente es por lo que dejó Fujimori como elemento perturbador a favor de su re-reelección.

Hoy la magnificación de los problemas del terror, extrapolando el Sendero de los Quispe Palomino y amalgamándolo con el de Guzmán (cuando son contrapuestos) con la finalidad de volver sobre Fujimori, el que derrotó al terror que, sin embargo, según ellos sigue sin ser derrotado y tras el cumplimiento de las duras penas de cárcel que les impuso el régimen fujimorista, vuelven en toda su potencia con 60 ó 70 años a cuestas para volver a petardear.

En fin, Fujimori insiste en que no tiene otro perdón que no sea por lo que no hizo o por lo que no pudo impedir que se hiciera, ¿y lo que hizo directamente u ordenó a hacer? Naca, la perinaca. Y Guzmán dice que lo que se hizo es lo que se hace en las guerras. O sea, no hay autocrítica, pero uno ya creía tener el indulto en la mano y va a insistir. El otro se prepara para una nueva lucha prolongada.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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