Evo en su laberinto

La marcha sobre La Paz de los pobladores del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) ha puesto en la encrucijada al gobierno de Evo Morales.

| 13 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 928 Lecturas
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Si bien ya se han producido varios enfrentamientos en los últimos tiempos con sus bases sociales, esta vez el asunto es de mayor envergadura porque tiene que ver con la Constitución que el propio presidente impulsó. Vigente desde febrero de 2009, el extenso texto introduce cambios insólitos. El primero y más importante de todos, es la renuncia de Bolivia a ser considerada una república (“cosa de todos”) para convertirse en un estado de derecho social “plurinacional y comunitario”. Definición que se complementa al agregar a la división territorial un cuarto componente, además de los departamentos, provincias y municipios, los denominados “territorios indígenas originarios campesinos”, con derecho a administrar sus recursos naturales.

Esta carta pertenece a esa rarísima especie que en el mundo contemporáneo renuncia al concepto universal de república. Quizá la libia de Muamar Gadafi la anteceda o la del Talibán, pero en todo caso la reflexión afuera ha sido escasa. La condescendencia frente a la moda indigenista y ante quien como el presidente Morales encarna el liderazgo internacional de la “madre tierra”, ha evitado que hasta ahora se vean sus graves consecuencias.

Al basar el Estado sobre la identidad de sus etnias, rompe la unidad conceptual del Estado-nación, le da un sesgo particularista y de esa forma propicia la aparición de un derecho segmentado. Al suprimirse la república desaparece el derecho como igualdad ante la ley, y se generan otros, que corresponden a las características culturales de sus componentes, como fueros coloniales.

Cada etnia puede reclamar su propia tradición “ancestral” para reinventar un derecho consuetudinario y aplicarlo en función de sus propios criterios, que se hace extensivo a los demás. El derecho de cada segmento étnico colisiona tarde o temprano con el interés general, contradicción insalvable, elevada a norma constitucional.

El pragmatismo del presidente, interesado en el crecimiento del país, lo ha llevado a construir la conflictiva carretera. No sólo se ha saltado la consulta previa para favorecer a los constructores brasileños, sino que la zona tiene un doble carácter legal. Es un parque nacional, lo que obliga a resguardar la biodiversidad pero es además un territorio indígena, intangible por mandato constitucional.

Si ya se habían producido serios problemas con el violento costumbrismo denominado “derecho ancestral”, traducido en castigo físico, en especial sobre las mujeres, la realidad ha demostrado la inviabilidad de traducir esas modificaciones en leyes positivas.

Los graves errores conceptuales del indigenismo, romántico y melancólico, que niega la república y la ciudadanía, y lo aproximan al derecho estamental de la Edad Media, le están jugando una mala pasada.


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