Europa protesta

Mientras en el Perú seguimos mirándonos el ombligo con el tema del indulto a Fujimori y convertimos en asunto de Estado su necesidad de expresarse por RPP, en el viejo continente millones de desempleados y agraviados por la crisis salen a las calles a mostrar su rabia, su indignación y sus temores, con manifestaciones que son la única forma de expresar su creciente malestar y desasosiego.

| 17 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 601 Lecturas
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Las ciudades europeas fueron inundadas por gente protestando este 14 de noviembre, ya conocido como el 14-N. Amplios sectores sociales que, independientemente de su orientación política, no ven hasta ahora una alternativa clara para que sus gobiernos recuperen el equilibrio entre disciplina fiscal y crecimiento. De un lado están sufriendo las políticas de austeridad que ponen freno al gasto público e imponen limitaciones al modelo social de bienestar y de otro lado la recesión demuestra la imposibilidad de recuperar el crecimiento.

Sociedades enteras han sido colocadas entre la espada y la pared por una crisis que no han originado pero cuyos lamentables efectos están sufriendo. La austeridad impuesta por Bruselas e inspirada por Alemania presiona para recortar los déficits públicos como viene sucediendo en Grecia, España y Portugal pero no retorna el crecimiento ni se gradúan los efectos del ajuste. El gran objetivo de la consolidación fiscal se ha convertido en repudiable camisa de fuerza a partir del dogmatismo neoliberal siempre presente en los altos mandos a pesar que la recesión y el pesimismo se extienden.

No lo ven o no quieren verlo. La crisis va dejando atrás los dos grandes axiomas liberales: la racionalidad de los mercados y la capacidad de la democracia para dar paso a una nueva forma de gestionar que no se ha dado y que deberá darse. La protesta paneuropea es un movimiento de solidaridad sin precedentes contra los recortes presupuestarios y los sacrificios de las poblaciones debido a la austeridad impuesta. Es una protesta legítima y sostenida aunque no represente aporte alguno a la salida a la crisis.

Por sus extraordinarias dimensiones la prensa mundial ha recogido la protesta europea dándole la connotación de que se trata de algo más que un estado de ánimo de rabia o indignación. Desde el New York Times pasando por Le Monde y The Guardian han reflejado el descontento generalizado por el alto desempleo, la desaceleración del crecimiento y el empeoramiento de las perspectivas económicas en toda Europa.

La situación es absolutamente seria y hasta grave. Estamos ante un fracaso de la economía de mercado y ante un fracaso de los políticos que han permitido que la economía se imponga sobre la política ahora obligada a recuperar su autonomía frente a los mercados financieros y a poner límites a la especulación, la volatilidad financiera y la desigualdad.

Estamos ante una crisis de confianza y ante una quiebra moral del modelo capitalista liberal. Algo que entre nosotros todavía no se percibe porque no nos sentimos tocados por la crisis financiera iniciada el 2008 y que persiste. Y no estamos analizando los destrozos que va dejando en la deslegitimación social de la economía de mercado y en la deslegitimación de los gobiernos, en el desprestigio de la política democrática con serios problemas de gobernabilidad.


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