ETA se rinde

A los 43 años de fundada y tras 800 asesinatos, la banda terrorista ETA (Patria vasca y libertad) decidió abandonar definitivamente la violencia. Esta es una victoria incuestionable de la democracia española, que desde el final del régimen fascista de Francisco Franco, había soportado el asedio permanente.

| 27 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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Nacida de un desprendimiento juvenil y radical del antiguo Partido Nacionalista Vasco, le encaró a su matriz el acomodo con las reglas de juego y por cierto su “pacifismo”. De lo que no se desprendió fue del ferviente nacionalismo y los símbolos que habían sido propuestos por Sabino Arana, cuando en el último tercio del siglo XIX formó el histórico partido.

El nacionalismo vasco, como todos los nacionalismos de ese corte, mezcla ideologías y cosmogonías, que en este caso provienen de un catolicismo integrista y de un racismo raigal, que cree en la superioridad de la raza vasca al punto de definirse como “el pueblo elegido”. Arana acuñó como consigna “Dios y ley antigua” porque creía en la etnia jamás derrotada por voluntad divina, en sus guerras contra celtas, íberos, hispanos, romanos, godos o musulmanes.

ETA cometió el crimen histórico de repudiar la Constitución de 1978 que refundó la democracia en España. Quiso usarla a su favor pero las fuerzas políticas generaron pronto un consenso que les impidió que les sirva para sus viles propósitos. Todos los partidos, sin distinción ideológica desoyeron las confusas coartadas del nacionalismo armado y condenaron sin tapujos la violencia. Esta actitud se convirtió en un valor esencial de la democracia española.

La banda terrorista era repudiada desde la izquierda a la derecha sin resquicios. El propio PNV que durante largo tiempo hegemonizó el gobierno autonómico, deslindó con la violencia.

ETA heredó cierta base social que mezclaba catolicismo, etnia y marxismo en un magma inentendible, que se resolvía en su estrategia de asesinatos, robos, secuestros y atentados sin otro fin que el ejercicio del terror.

El gran triunfo de la democracia española fue que aisló por completo a los etarras calificándolos como lo que eran, un violento grupo armado que no tenía nada que ofrecer más que su propia acción criminal como programa.

Sus fachadas “legales” tanto electorales como periodísticas, fueron observadas y canceladas por la justicia española, en procesos cuidadosos y perfectamente legítimos. Ello contribuyó a que desde el propio espectro del radicalismo vasco, se dieran cuenta que su única opción era actuar en democracia. Esa misma dialéctica acabó por convencer a los militaristas que el agua se les había evaporado.

La escena final de tres encapuchados leyendo el manifiesto de la rendición, estuvo precedida por una conferencia de paz, donde entre las personalidades que participaron, estuvo Gerry Adamas el antiguo líder del IRA, que lideró un proceso ejemplar de abandono de la violencia, desarme y disolución de esa organización, para convertirse en un adalid de la democracia irlandesa.


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