Estos tres

A estas alturas hay que empezar a buscar los elementos en común que unen al APRA, el fujimorismo y Solidaridad Nacional de Castañeda Lossio y que se está expresando de manera casi obvia en el asunto de la revocatoria contra la alcaldesa de Lima, en diversos cambalaches parlamentarios y que da la impresión de apuntar hacia el 2016. Algunos datos por delante:

| 21 diciembre 2012 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 623 Lecturas
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Corrupción emblemática: cada uno de los tres compadres tiene algún caso destacado de mal uso de recursos públicos. García debe responder, por ejemplo, por los decretos de urgencia de los años 2009 y 2010 que le permitieron realizar enormes gastos sin control, forzando el sentido de las normas. Castañeda tiene a su vez el caso Comunicore de recompra con ventaja de la deuda municipal por allegados al entonces alcalde de la capital. Y Fujimori, por supuesto, entre muchas tropelías, nunca ha respondido por el destino del dinero de las privatizaciones que se evaporó en el aire.

Nuevos ricos: los líderes de los tres partidos revocadores son ahora personajes de la elite económica peruana y no hay forma de separar su enriquecimiento particular de las funciones públicas que han desempeñado, ya que no han tenido actividades particulares significativas. García y su casa en las Casuarinas desde donde domina el paisaje capitalino y su BMW donado por la Universidad San Martín de Porres de su amigo Chang Escobedo, es un símbolo viviente de lo que puede sucederle al individuo que ocupa la presidencia. Fujimori ha dado muestras continuas de su poder económico en el Perú, Chile y el Japón. Y Castañeda está evidenciando que puede disponer de recursos para impulsar una revocatoria en una ciudad de 8 millones de habitantes.

Entornos con beneficios: al lado de cada una de las tres cabezas del bloque de extrema derecha hay ganadores de segunda línea a los que la política los ha ayudado ampliamente a salir de pobres. Cuando Mulder califica de “apitucados” a algunos miembros de la campaña del no a la revocatoria, se está refiriendo al color de piel, pero no al tamaño de la riqueza de un fuerte núcleo del partido aprista, comenzando por Jorge del Castillo, Velásquez, Pastor y otros. Pero el ascenso social en patota ya había sido fundado anteriormente por el fujimorismo que tiene un montón de ricachos del poder y ratificado por la collera castañedista más cercana al mudo.

Casos de derechos humanos: asuntos graves que tienen en prisión al expresidente Fujimori y que incomodan cada cierto tiempo al expresidente García, y ante los cuales Castañeda nunca ha tenido el menor deslinde.

Pragmatismo y neoliberalismo: el APRA pasó de la mano de Alan García, desde los retazos de doctrina de Haya de la Torre que quedaban en los 80 al plan de fanáticos del libre mercado y la obra pública. Con esto empataron con los nuevos políticos post ideologías: Fujimori, Humala y otros, y con el estilo Castañeda de acomodarse a lo que le convenga.

Podría seguir, pero con lo dicho se puede concluir fácilmente que efectivamente hay factores en común entre la nueva esquina de derecha radical de la política peruana: todos apuntan a la impunidad y a deslegitimar las investigaciones contra la corrupción y violaciones de derechos humanos; todos están convencidos que política es dinero e ideas a la moda que se apoyen en compromisos con grupos privados; todos se consideran suficientemente ricos como para desear seguir siéndolo y aumentar su fortuna a través del poder. Con ese programa se puede llegar muy lejos.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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