Estos son nuestros indignados, si no te gustan, tengo otros

“Darwinian capitalism: ‘for a few immortals to live forever, many people must die’.” (@ccabanillas)

| 14 noviembre 2011 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 2k Lecturas
2005

Expertos en teoría de sistemas complejos del Instituto Tecnológico Suizo han puesto en blanco y negro lo que hace tiempo se intuía: que un grupo relativamente pequeño de compañías -bancos y transnacionales- tiene un poder desproporcionado sobre la economía global.

Es el primer análisis no ideológico que hace un mapa de esta red de poder utilizando matemáticas e información de corporaciones y que incluye información sobre la propiedad indirecta, que suele permanecer oculta por estrategia empresarial o legal.

Según esta investigación son 1,318 las transnacionales interconectadas, cada una con otras 20. Dentro de ellas hay un núcleo más conectado aún de 147 empresas que manejan el 40% de toda la red económica del planeta.

Algunos incluso sugieren la creación de impuestos u otro mecansimo internacional de limitación de la conectividad transnacional que hace a todo el sistema más vulnerable.

En todo caso, queda claro que los “occupy” y los indignados del mundo manifiestan su frustración y preocupación por la precaria situación en la que esa red de bancos y transnacionales los ha dejado. Muchas veces aliados, políticos y gobernantes, por intereses pecuniarios.

En el Perú, como hemos postulado antes, los indignados contra el gobierno “per se” no habían tenido aún motivos suficientes, dado el estreno del régimen y porque además supone, precisamente, un cambio en ese crítico trípode: economía, poder y sociedad.

Pero hay que anotar que, indignados contra el modelo Estado-aliado-de-las-transnacionales antes que interesado en el bienestar del pueblo, sí existen en Perú hace mucho. Especialmente en provincias, donde durante años ese sistema ha provocado una profunda brecha de desconfianza que suele manifestarse con tomas de carreteras, paros, revueltas y hasta violencia contra la exploración, explotación y contaminación (mineras y petroleras en especial) de los recursos de los que viven.

“Alan podía jugar al piloto automático y reírse. Ollanta no, a él lo elegimos para que el Perú deje de ser un burdel de inversionistas.” (@palidofuego111)

Las protestas antimineras estos días en Andahuaylas, Cajamarca y Huaraz (pronto Piura), son síntoma de esa incredulidad en el Estado como garante de los derechos del pueblo. Aun cuando algunos de los proyectos estén perfectamente sustentados y supondrían beneficios directos para ellos, la desconfianza -que es capitalizada por aspirantes a puestos políticos o azuzadores profesionales- prima.

Coincido con Julio Cotler en que no es que el campesinado o los pobladores se resistan al capitalismo o a la modernidad, sino que no encuentran razones para confiar en las bondades que empresa y Estado les venden. Es un problema serio, y bien ganado, de descrédito.

Este gobierno pareciera hasta ahora tener claro que el diálogo y no la fuerza bruta debe ser la vía de resolución. Pero así como el gobierno de estreno mantiene un crédito a su favor, deberá tener mucho cuidado y firmeza para plantear las cosas con transparencia, no prometer en actas lo que no puede cumplir, y para ir reconstruyendo esas desgastadas y heredadas malas relaciones.

“Acuerdo energético de García, entre Perú y Brasil debe ser revisado pues implica grandes hidroeléctricas en Amazonía con graves consecuencias.” (@javierdcc)

Inclusión implica buena marcha de la economía. Necesitamos captar, y cuidar las inversiones. Pero no a costa de repetir abusos de pasados amos y sus ofensivos “perros del hortelano”. Leyes como las de la consulta previa, son alentadoras. Pero tampoco es solo para aplaudir y bajar la guardia.

Es muy preocupante, por ejemplo, el proyecto de unas 15 hidroeléctricas en la selva peruana para beneficiar energéticamente al Brasil. Para su construcción se inundarán cientos de hectáreas de bosques que producirán enormes cantidades de gas metano (veinte veces más contaminante que el dióxido de carbono de efecto invernadero); decenas de comunidades serían trasladadas a la fuerza, desarraigadas de sus territorios, únicas fuentes de agua y comida sin contar con el siempre ausente Estado.

Y aun cuando parezca absolutamente arbitrario e injusto cambiar a familias y comunidades enteras que tendrán que empezar de cero, bien podría considerarse si más peruanos fueran a beneficiarse. Pero el más beneficiado con este negocio será el Brasil que obtendrá en los primeros 10 años, el 80% de la energía de esas centrales, 60% los siguientes diez y 40% en el tercer decenio.

Es decir: habremos contaminado irreparablemente cientos de bosques y arrancado a peruanos de sus legítimas tierras para beneficiar a otro país. ¿Quién sale ganando, quién ha ganado ya y quién se estará frotando las manos? Cuidado, presidente Humala, con hipotecar su promesa de cambio, con perder la oportunidad histórica de gobernar, de verdad, para todos y no solo para los mismos ambiciosos de siempre.


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Claudia Cisneros

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