Esteban debe volver

De pronto, en la fábrica de pantalones para mujeres del caribe, el chico que todas las chicas miraban con penita, desapareció de su esquina y nadie sabía por qué. Su amiga, una mujer andina un tanto gordita y muy explosiva, no decía nada y una tarde después del almuerzo la encontraron llorando escondida de sus compañeros de trabajo.

| 16 marzo 2012 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 524 Lecturas
524

Alguien le preguntó: “¿Qué pasó con Estaban?”. Margarita no supo qué decir. Le insistieron. “Lo botó el miserable del jefe porque dice que era muy apático en el trabajo. Lo botó ese tarado porque le tenía celos. Le tenía celos el maldito, porque era mi amigo y yo no le hago caso a él. Así no se porta un verdadero jefe; pero yo nunca le haré caso y me iré de esta vaina de trabajo en cuanto encuentre otro. Ya me harté”.

La fábrica sin Esteban se sentía muy sola y el jefe era el único que caminaba con una sonrisa estúpida por todos los rincones mientras los ojos de Margarita seguían al jefe con un odio insondable. “Le diré al dueño de la fábrica que bote al maldito”, pensaba Margarita.

Todos preguntaban por Esteban y cuando se enteraban de la verdad todos se quedaban callados por el temor de ser despedidos. Pero la verdad corría por todos los rincones del local. Las chicas empezaron a mirar con odio al jefe y los hombres incluso planificaron secretamente en sacarle la mugre al abusivo fuera de la fábrica de pantalones. El tema principal del almuerzo era el despido sin razones válidas de Esteban y dio tanta pena el chico tímido que todos sus compañeros de trabajo hicieron una bolsa para que recibiera un sueldo.

El jefe se dio cuenta que todos se habían enterado lo que había hecho, y arrinconado por las miradas y por una amenaza directa de que si no recomponía las cosas el dueño de la fábrica se enteraría de la verdad, se vio en la obligación de llamarlo para que volviera al trabajo. Pero los compañeros de Esteban no solo querían que volviera sino que el jefe renunciara. Tuvo que hacerlo porque en plena jornada, Margarita lo enfrentó. Le dijo: “Tú lo despediste por celos. Eres un maldito y si no te vas tú, me iré yo, pero te haré la vida imposible hasta que se haga justicia”.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


...

El Escorpión

El Escorpión

elescorpion@diariolaprimeraperu.com