¡Este cura soberbio!

Alejandro Toledo encontró ad portas de una cabina radial, al arzobispo de Lima. Se saludaron con cortesía. Cuando aquel pasó donde el entrevistador, le preguntaron por las cartas apócrifas que Fernando Olivera llevó, durante su gobierno, al Vaticano. A Toledo solamente le quedó expresar su respeto por la Iglesia, y deploró, usando el pronombre posesivo, que: “mi Iglesia se encuentre fragmentada”.

Por Diario La Primera | 06 set 2010 |    
Posteriormente Cipriani, lleno de soberbia, sin mencionar el nombre de Toledo, criticó a quienes se refieren a la Iglesia como si fuese suya: “Aquí no hay mi Iglesia, ésta es de Cristo y su vicario es el Santo Padre. Los obispos, somos también representantes de Cristo. No se separa la Iglesia de su vicario, ese criterio constituyó una herejía”. Me proclamo, el primer hereje peruano de este siglo, porque a pesar de creer en la Iglesia, me encantaría promover un cisma local, para evitar la presencia de desubicados, quienes ignoran que los vicarios de su jerarquía son sólo administradores de una diócesis, y se les delega, utilizando una ficción jurídico eclesiástica, poder y facultades. Es un mero apoderado y se le puede revocar el mandato. Recuerdo el triste papel que le cupo con los rehenes en la embajada del Japón, cuando el gobierno utilizó a la Iglesia como elemento de distracción para el rescate. El arzobispo nunca solicitó una explicación por el secuestrador muerto, después de su captura. Comprometió a la Iglesia Católica como observador, sin dejar constancia de su malestar.

Cualquier católico debe discrepar del arzobispo de su diócesis, sin incurrir en infracción, cuando tenga conocimiento de actividades como las de los obispos irlandeses, Eamonn Walsh y Raimond Field, sin excluir de la lista al prelado norteamericanos Thomas Paprock, todos consumados pedófilos.

Tengo el video en el que el arzobispo de Lima se dirige a un grupo de militares. Cuando lo vi, creí que Carlos Álvarez estaba haciendo una parodia, después quedé sorprendido que este pastor de almas, no pasase de ser un cura boca sucia, a quien se le debería obligar, como penitencia, a que hiciese gárgaras con detergente. “Los Derechos Humanos no son una cojudez” Dedíquese a su labor pastoral. No meta las narices en temas económicos o políticos, porque le puede suceder lo que pasó con los jesuitas en territorios de España, en la segunda mitad del siglo XVII. Felicito a Alejandro Toledo, por tener el temple suficiente para aguantar sus majaderías. Cuando personajes como Lutero, Calvino o Zwinglio se apartaron de la Iglesia, no fue por conducta desordenada de ellos, sino por denunciar la vida de lujo de sus jerarcas, mientras los pobres no tenían un mendrugo para llevarse a la boca.

    Alberto Massa Gálvez

    Alberto Massa Gálvez

    Opinión

    Colaborador