Estás vivo, amor

Ernesto vivió en el pequeño hotel de San Juan de Lurigancho casi tres semanas; pero de pronto desapareció sin dejar rastros de nada. Daniela casi se vuelve loca. No podía hacer otra cosa que buscarlo. No podía recurrir a la Policía, ni hablar con sus padres. Lloraba mucho en su cuarto, sola, pensando en que había sido asesinado.

| 23 marzo 2012 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 778 Lecturas
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En el hotel, le dijeron que Ernesto se había marchado del lugar diciendo que volvería en cualquier momento. No contestaba ni siquiera el celular secreto solo para llamadas urgentes. Su primo, del taller de mecánica de San Juan de Miraflores, le contó a Daniela: “Mira, a mí Ernesto me dijo, hace como tres semanas, que iba estar de viaje por un largo tiempo. Nada más”.

Cuando fue a la casa de sus padres, la mamá de Ernesto le indicó, muy tranquila: “No te preocupes, señorita, mi hijo se ha ido de viaje por algunos meses por unos cursos raros; pero volverá. Tranquila. Pero qué extraño que no te haya dicho nada. En fin, tranquila. Ya aparecerá. Ya sabes cómo es él”.

Ernesto había eliminado su Facebook y su correo electrónico, y Daniel pensaba que lo había hecho adrede para despistar al Gordo o al Flaco.

Daniela lo buscó en todos los lugares donde había ido con él y en ningún bar, en ningún restaurante ni en ninguna discoteca sabían de él. Fue al puesto de la tía veneno, la señora de Lince que vende caldo de gallina a los noctámbulos, y nada. Fue inclusive donde la chica que le traía camisas de Barranquilla y nada. Nadie sabía nada de Ernesto.

Lo buscó sin sosiego durante dos meses, con dos semanas y cuatros días por todos los rincones donde podía estar y cuando lloraba ya su muerte encerrada en su cuarto, su madre le gritó desde la sala: “Daniela, hija, llegó esta carta para ti”. Era una misiva tradicional que había entrado debajo de la puerta. Era muy corta. Decía: “Daniela, mi amor, perdóname, por haberme desaparecido tan repentinamente. Tuve que hacerlo. Estoy bien. Me gustaría que me visitaras. El panadero de la esquina de tu casa, te entregará un sobre. Ahí está mi nueva dirección”.

(Mañana continuará)


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