Estar comunicados

Vivimos hoy la sociedad de la comunicación. Nunca antes hemos tenido tanta tecnología extraordinaria puesta al alcance de la mano, acercándonos al instante a quienes están físicamente a miles de kilómetros por diversas vías: correo electrónico, video conferencias personales o masivas, películas transmitidas atravesando océanos segundos, computadoras tipo agenda con millones de caracteres de información en la palma de la mano, cámaras fotográficas digitales con opción de foto o video, y más, cada día más, es decir estamos a la vez viviendo y haciendo el futuro.

| 27 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 958 Lecturas
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Lo paradójico sin embargo es que sabemos muy poco del compañero de al lado en la oficina, no conocemos a nuestros vecinos, no sabemos mucho más de nuestros compañeros de estudios, sólo que son estudiantes como nosotros, pero... ¿dónde y cómo viven? ¿cuándo y con que sueñan? ¿cómo se sienten ahora en este momento? ¿qué los emociona?... de eso sabemos muy poco por no decir nada.

Escuchaba a un amigo experto en temas de seguridad ciudadana invocar a los oyentes a preocuparse por su entorno. Llamaba a interesarnos por conocer quiénes son nuestros vecinos ya que se dedican. Invocaba a preocuparnos por quienes habitan nuestras casas: nuestros hijos en qué piensan, qué amigos frecuentan y como se llaman, dónde viven y qué hacen sus padres; también por quienes trabajan en nuestras casas: saber de ellos, de sus familias, a dónde van cuando tienen descanso. Es decir a mantenernos informados a partir de un interés genuino en comunicarnos.

Lo mismo podemos señalar en una empresa cualquiera. ¿Cuánto sabemos de nuestros compañeros de trabajo, de nuestros dependientes, de nuestros superiores? De hecho la mayoría de las personas que trabajan en una oficina existen para los demás sólo desde el momento que registran su ingreso y dejan de existir desde el momento que registran su salida.

Los departamentos encargados de personal, la mayoría de las veces, no van más allá de elaborar una lista mensual de cumpleaños la que es publicada en una muy, casi siempre, aburrida vitrina.

La invocación de mi amigo, es un campanazo que debemos escuchar con atención en medio de esta vorágine de tecnología comunicativa (¿o debiera decir ruido tecnológico?), campanazo que nos debiera hacer mirar hacia atrás en el tiempo y examinar los días felices en que nos interesábamos los unos a los otros.

Aquellos días en que todos conocíamos los nombres del señor zapatero, del que nos traía el periódico, del colchonero, del gasfitero, del policía de la esquina. La seguridad no era el tema de conversación de las sobremesas donde el protagonismo lo tenía la palabra y el interés en comunicar todo aquello que hacíamos.

En el reino de los artefactos no hay mucho espacio para la felicidad por lo tanto no dejemos que nos capture el juguete, recuperemos en cambio nuestra capacidad de jugar. Hagamos todo lo que esté a nuestro alcance por conocer cada vez un poco más de los otros.

Probemos a comunicarnos cada vez mejor. El resultado será una sociedad más humana, más amable, más cercana a la felicidad.


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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista