Estados Unidos y Unasur

Hace unos días, como afirma el Asia Times (27/11/12), Estados Unidos afrontó “la peor humillación sufrida por una nación” durante la reciente cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean) celebrada el 20 de noviembre en Phnom Penh, Camboya.

| 02 diciembre 2012 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.5k Lecturas
Estados Unidos y Unasur
TRAS LA CUMBRE
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Como anota Raúl Zibechi en un reciente artículo titulado “Mercosur ampliado vs Alianza del Pacífico” (La Jornada, 30/11/12), Barack Obama quiso imponer el Acuerdo Transpacífico (ATP) a las naciones asiáticas agrupadas en esa asociación, excluyendo a China.

Sin embargo, sucedió lo contrario: los países miembros de la Asean, más China, India, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, acordaron formalizar una alianza que, para sorpresas de propios y extraños, deja afuera a EE.UU.

Este hecho no es menor. Y si bien es importante anotar que los esfuerzos del gobierno de Obama por aislar a China han fracasado por el momento, también lo es que ello muestra las enormes dificultades que Estados Unidos tiene para mantener un mundo unipolar y por impedir el nacimiento o ascenso de nuevos bloques regionales que desafían su hegemonía mundial.

En este contexto, no es extraño que la llamada Alianza del Pacífico incremente su valor estratégico para EE.UU., una agrupación de carácter subregional constituido por Perú, Colombia, Chile y México (segunda economía regional detrás de Brasil), que cuenta con 212 millones de habitantes, que factura el 35 % del PIB latinoamericano y que genera más del 55 % de las exportaciones regionales, más que la totalidad de los países del Mercosur (los datos pertenecen a Mariano Bullón: “La Alianza del Pacífico: Posible impacto en la integración latinoamericana”).

Tampoco lo es el que el gobierno de Taiwán, aliado histórico de los EE.UU., hace unos días haya comunicado su interés por participar en la Alianza. Por otro lado, cabe destacar, que Perú, Chile y México integran el ATP, acuerdo económico que va más allá de los acuerdos de libre comercio, por ejemplo, en temas sobre propiedad intelectual.

Ahora bien, si se acepta que el interés geoestratégico de Estados Unidos en el Asia es aislar a China (hay voces que señalan que este país superará a EE.UU. en el 2016), si se tiene en cuenta el reciente fracaso norteamericano en la cumbre de la Asean en su pretensión de contener el ascenso de China como potencia mundial, es claro que la Alianza del Pacífico pasa a ser un componente, no menor, de esta estrategia norteamericana.

Dicho en otras palabras, estamos frente a un escenario en el cual EE.UU. presionará más a los países de la Alianza del Pacífico para subordinarlos a su estrategia hegemónica.

Por lo dicho, no sorprende que en la última Cumbre de las Américas realizada en Cartagena, Colombia, la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, haya pedido a los países que conforman esta alianza, su conversión en un bloque que, además de comercial, también tuviera un carácter ideológico y político. Se comenta que en dicha reunión, Perú fue el país que más resistencia habría mostrado a este cambio de orientación de la Alianza del Pacífico.

Estos hechos, más allá de diferencias temporales, nos recuerdan un escenario similar de lo que fue la vieja Guerra Fría entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética (ahora la confrontación es entre EE.UU. y China) y también le plantean a la región viejos dilemas: cuál es su papel y lugar en esta suerte de ajedrez mundial.

En el pasado, salvo excepciones, el papel de América Latina y América del Sur fue el de acompañante y socio de los intereses norteamericanos. Durante esos años, su expresión política fue el interamericanismo, y sus instrumentos la OEA, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y la Junta Interamericana de Defensa (JID), entre otros.

Hoy, con el nacimiento de Unasur, con la presencia de gobiernos progresistas que buscan conformar un bloque regional, con políticas exteriores que promueven la integración y la soberanía regionales, y con la instalación de nuevas agendas que tienen como objetivo el desarrollo integral en estos países, la realidad ha cambiado notablemente.

Temas que antes eran expresión de esta sociedad (o subordinación) con EE.UU. hoy en día son motivo de grandes discusiones en la región. Me refiero a la defensa regional, al TIAR, al comercio, a la multipolaridad en el sistema internacional, a la defensa de nuestros recursos naturales, a la necesidad, como ha planteado Cristina Fernández de Kirchner, de una política común frente a las inversiones extranjeras, así como la de una nueva arquitectura financiera para enfrentar de manera colectiva la crisis económica internacional, entre otros temas.

Por eso llama poderosamente la atención la ausencia en esta última Cumbre de Unasur, la primera realizada con el Perú ejerciendo la presidencia pro tempore, de las presidentas de Argentina y Brasil y de los presidentes de Bolivia y Venezuela. Estos cuatro países son los grandes promotores, junto con Ecuador y Uruguay, no solo de Unasur sino también de políticas regionales que buscan mayores niveles de autonomía frente a las pretensiones hegemónicas de EE.UU.

Saber por qué no estuvieron presentes en Lima, quizá nos ayude a entender qué se está jugando en estos momentos en Unasur.


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Alberto Adrianzén M.

Disonancias

Parlamentario Andino