Estados alterados

Marx decía que aún la más democrática de las constituciones, tenían contenida la elemental confirmación de que la receta para salvar al Estado democrático, en situaciones extremas, era convertirlo en una dictadura.

| 07 julio 2012 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 2k Lecturas
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La prueba de este aserto eran precisamente los artículos sobre estados de excepción que se incluyen en todas las cartas constitucionales. Estas normas se refieren a las llamadas emergencias como la que hoy se aplica en Cajamarca, hasta los estados de sitio y ley marcial con los que el gran amigo de Alan García, el periodista Mirko Lauer nos amenazaba el otro día, si sigue la escalada de conflictos.

Lo que quiere decir todo esto, es que el Poder Ejecutivo, que debe, por encima de todo, cautelar los derechos y deberes contenidos en la Constitución, también puede declararse impotente para hacerlo y decidir que pone en suspenso su obligación mientras restituye el orden y eso que ahora le llaman gobernabilidad. El problema es que lo hace a libre criterio, sin control de nadie, rompiendo los balances y yendo tan lejos como puede contra sus oponentes, configurando situaciones de “dictadura legal”, que puede ser nacional o regional, temporal o de largo plazo. Ayacucho y otros departamentos vivieron en “emergencia” casi dos décadas. En el Huallaga y las zonas del VRAE ya es una rutina. En cambio en otras partes del país se ha perdido un poco la memoria de estos procesos y por eso la gente se impacta mucho cuando se anuncia suspensión de las garantías.

Siempre se ha discutido los límites de las excepciones. Pero como se puede ver en la detención de Marco Arana, un cartel de protesta (que está en el campo de la libertad de expresión) y una sentada en un banco de una plaza puede interpretarse como incitación a violar la emergencia. Más aún, los policías que un día antes corrían en fuga bajo las piedras de los civiles, y respondían con tiros a matar desde la distancia, ahora se sentían dueños de las plazas y calles y capaces de agarrar a golpes a quién quieran o se lo ordenen del alto mando. ¿Para eso es la emergencia?

La vergüenza mayor, sin embargo, son los periodistas que hasta el martes estaban más que asustados por el curso de las cosas y que pensaban que las cosas habían llegado a su peor momento, pero que apenas decretado el estado de emergencia “valdesizaron” sus cerebros y empezaron a repetir que ahora ya nadie podía hablar, ni caminar, ni sentarse, ni ir a entierros, ni ponerse un cartel. O sea, santo remedio para las protestas. Ni el más mínimo razonamiento del sentido político de esta norma como servicio a los intereses de una empresa minera. Y algún idiota de apellido Flores y nombre Ricardo, anota por RPP que todo este abuso es “constitucional”, como si estuviera hablando de la Biblia.

Para muchos, es cierto, la palabra emergencia asusta y eso pasó en Cajamarca en diciembre y tal vez en Espinar en mayo. Pero la medicina Valdés: mato gente, declaro emergencia e impongo el diálogo en mis términos, ya está demasiado vista. Habría que recordarle a este admirador de Fujimori que con emergencia enfrentamos a su presidente más querido hasta sacarlo del poder, y con emergencia se hizo el paro del 19 de julio que echó a Morales Bermúdez, y hay más ejemplos. Es decir que a los pueblos no se les doblega con espantapájaros por más disfraces constitucionales con que los vistan.

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista