España protesta

Decenas de miles de manifestantes han cubierto las calles de las principales ciudades españolas en respuesta al plan de ajuste del nuevo gobierno derechista. Como en Grecia, ahora se ven afectados por un durísimo recorte que apunta sobre todo, el gasto público y las ayudas sociales, teniendo como blanco una vez más, al estado de bienestar.

| 16 marzo 2012 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 793 Lecturas
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El argumento es que no hay otro camino para ajustar el déficit a los estándares propuestos por la dupla Merkel-Sarkozy desde la Unión Europea. El discurso es el habitual solo que a estas alturas y en una de las principales economías del mundo, suena dudoso.

A los griegos les han dicho de todo para ajustarles los cinturones con la receta irreal de eliminar miles de empleos para crear empleo y recortar el gasto público a fin de reactivar la economía. En la península helénica, soslayan la responsabilidad de los bancos y los grandes intereses. Atenas se endeudó hasta el cuello por las gigantescas compras de armamentos para enfrentar al “peligro turco”, en el mismo momento en que había una campaña para que ese país se incorpore a la UE. La gran banca financió con entusiasmo el armamentismo porque los vendedores eran los mismos que ahora les exigen el recorte.

España infló durante años una enorme burbuja inmobiliaria, con préstamos fáciles a quien sea, que llevó la construcción y el precio del metro cuadrado a alturas siderales. Todos felices por la falta de regulación hasta que estalló la crisis. La culpa inmediatamente se le atribuye al estado de bienestar.

Los analistas por consigna jamás dan cuenta que en los países donde el estado de bienestar es más sólido y consistente, como Suecia o la propia Alemania, no hay crisis. O que potencias emblemáticas del capitalismo mundial como Japón, la tercera economía, tienen un déficit muy superior al griego o al español y nadie se escandaliza.

Europa está viviendo los problemas de tener una moneda única, que no les permite jugar a países diferenciados con políticas monetarias. Lo del euro es un experimento único que todavía exige reajustes y quizás retomar la idea de una Europa de varias velocidades. A esto hay que añadir la irresponsabilidad de la desregulación, que llevó a la quiebra a Irlanda, Portugal, Islandia y que también hace tambalear a la más poderosa economía italiana.

Quienes están en las calles ibéricas no son los desconcertados y anárquicos “indignados”. Esta vez son los sindicatos que responden a las izquierdas organizadas y acostumbradas a gobernar. Es una batalla donde Mariano Rajoy tendrá que demostrar si tiene la capacidad de reacción que tuvo José María Aznar, cuando quiso desmontar la educación pública y tuvo que dar marcha atrás. Ahora se le viene una huelga general.

El dilema enfrenta una cuestión de fondo: no será más bien, al contrario del quebrado pensamiento único, que hay que mirar a la Europa nórdica y al capitalismo renano, los grandes baluartes de un estado de bienestar en serio.


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