Ese gordito está templadazo

Tiene catorce años de edad, las hormonas alborotadas y el corazón sensible que palpita con más fuerza cuando ve a Natalia, la flaca. Le dicen gordito por obvias razones y no sabe cómo frenar todo lo que siente por aquella mujer mucho mayor que él que lo mira como a un chibolo más de la cuadra porque ella, a sus 25 años de edad, ha sufrido y ha llorado ya por varios amores en la vida.

| 25 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 781 Lecturas
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En cambio Matías jamás se ha enamorado como ahora, salvo aquella vez en que sintió un cariño extraño, inmenso y tierno por la profesora de inglés de ojos brillantes en su colegio primario.

Matías hace lo imposible por atraer a la flaca, que anda concentrada en buscar trabajo ante la presión de su familia. Todos los días, sale a correr para bajar de peso y hace sus ejercicios de calentamiento frente a la casa de Natalia; desde que la flaca llegó al barrio ha recibido 200 cartas de Matías llenas de las palabras endulzadas; ha hablado con todas sus amigas para quedar bien; ayuda a la madre de ella a cargar las cosas del mercado y, a veces, a empujar el carro viejo de su padre; se ha atrevido inclusive a hablar con el padrino de ella a quien le dijo que se muere de amor por su ahijada y solo vive por ella desde la primera vez que la vio; le ha invitado a comer a su madrina y a su abuela de Natalia; ha hecho tantas cosas, pero hasta ahora no se atrevido a hablar directamente con ella.

Se muere de miedo. Sus piernas tiemblan cuando la ve, sus manos sudan. Una tarde, ella le pidió el favor de que le abriera la puerta de la quinta porque tenía las manos ocupadas con bolsas gigantes y Matías por los nervios y la timidez se demoró como cinco minutos en abrirla y Natalia en vez agradecerle dijo enojada aunque en voz bajita: “Ay, chibolo de mierda”. Pero Matías la escuchó perfectamente y se deprimió tanto que cayó en cama y bajó 20 kilos en dos semanas de tanto sufrir el golpe del insulto.

Se fue recuperando poco a poco y ahora ha vuelto a las andadas. Después de correr todas las mañanas, se baña y se cambia al toque y a las nueve de la mañana en punto está en la puerta de su casa para seguirla de lejos a donde vaya a buscar trabajo. La sigue con cautela, la cuida de lejos ante cualquier peligro.


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