Escopeta de dos cañones

“La vida de las personas no depende de su estabilidad sexual”, dijo ayer el doctor Alan García hablando del insulto proferido en contra de una árbitra de fútbol.

| 12 abril 2008 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.5k Lecturas
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Es cierto. La vida de las personas, en el Perú, depende más bien de Alva Castro y sus uniformados y de los jueces al servicio de esta república intimidada que quiere fundar el ­Apra musoliniana que hoy encarna el aggiornado doctor García.

Si eres comunero ayacuchano, por ejemplo, dependerás de qué ordene el jefe del destacamento llegado “para reinstaurar el orden”. Y si eres ­achuar de Andoas tu vida de civil en libertad y de paisano caminante dependerá de un estúpido general de la policía que está bajo las órdenes de Alva Castro. Y si eres campesino ambientalista o ganadero en tus trece y habitas en la flamante provincia china de Majaz (al norte del Perú), te llegarán notificaciones avisándote que estás en la lista de los terroristas. Y si te metes con la Newmont, en Cajamarca, te empapelarán como al cura ­Arana. Y si gritas, en una calle de Quito, “Alerta, alerta, que camina la espada de Bolívar por América Latina” o si cantas “Y no queremos y no nos da la gana de ser una colonia norteamericana” –como gritó y cantó Melissa Patiño– entonces vienen los agentes de Alva Castro y te meten 40 días a ­una cárcel común porque un juez maldito le pone su firma a la arbitrariedad.

“No hay derecho de impedir el acceso de las mujeres a la membresía de ciertos clubes”, dijo ayer también el doctor García al recordar el dispositivo legal que impide esa discriminación. Pero este feminista de mano larga y altas cualidades no quiere que le hagan pregunta alguna sobre las mujeres que Alva Castro mandó detener en Aguas Verdes y que están siendo acusadas de nada por magistrados briosamente analfabetos. Y como no quiere preguntas incómodas, entonces manda que lo entrevisten en RPP, donde pregunta el silencio y repregunta la anuencia y replica la subordinación y agradece el avisaje.

El 27 de febrero fue Alva Castro al Congreso a jurar por el Dios que no lo quiere que la policía no tenía ni una sola escopeta de perdigones de plomo a la hora en que reprimió el paro agrario en Ayacucho. “Si la policía no tenía perdigones de plomo y la muerte de los dos campesinos se produjo por perdigones de plomo, entonces ¿quién disparó?” se preguntó el ministro del Interior en esa ocasión. “Fueron los propios campesinos”, se respondió ante la satisfacción de la bancada oficialista. Volvíamos a los tiempos de los Espichán y las Chávez, a la época dorada de la muerte, a los ­años en que las víctimas se secuestraban a sí mismas y a los días de los asesinatos autogenerados.

Pero resulta que un valiente fiscal de Huamanga llamado Hugo Martínez ha descubierto que la policía sí tenía escopetas de perdigones en su panoplia disuasiva y ha señalado, además, como probable autor de la carga mortal, al suboficial Carlos Rodríguez HuamanÑ En todo caso, hay una investigación jurisdiccionalmente impecable que está en marcha y que podría comprometer, de verificarse en todos sus alcances, al señor Alva Castro.

¿Qué hace entonces el presidente de la República? Pues sale por RPP y dice que a él no le vale lo que diga el fiscal, que a él lo que le importa es lo que dijo Alva Castro y lo que mostró la autopsia. Y añade, ante el silencio aterrorizado de ­Raúl Vargas, que, entonces, la muerte de Rubén Pariona y ­Emiliano García se debió a disparos de “una escopeta hechiza” llevada al escenario del enfrentamiento por los propios campesinos. O sea: los campesinos enfrentados a la policía decidieron matar a dos de los suyos. Ya lo decía: la muerte en modalidad de autoservicio.

Estamos advertidos. Este doctor Alan Fujimori, este doctor Alberto García, este doctor tan Kenya como Pérez, también se ríe de la división de poderes, de los fueros respectivos y del ministerio público. Y se permite decir que quienes insistan en señalar la responsabilidad política de Alva Castro “lo que quieren es neutralizar a la policía frente al violentismo que puede desatarse con ocasión de la cita de la Apec”.

Son las 8 y diez de la noche mientras escribo estas líneas y busco inútilmente en la red el comunicado de la Fiscal de la Nación. No lo encuentro. ¿Saldrá mañana? ¿Recordará la doctora Echaíz que defender a sus fiscales del amedrentamiento presidencial es un deber que sí hubiera cumplido Adelaida Bolívar?

Poco a poco, el doctor García hace metástasis. Ahora aprueba y califica las investigaciones del fiscal de Huamanga (tal como hizo con el fiscal también huamanguino Carlos Escobar en el caso Cayara, ese capítulo de oprobio que tuvo entre sus encubridores al patriarca Armando Villanueva).

Hoy volveré a buscar el comunicado que ayer no pude encontrar. Me tranquilizaría saber que el golpe de Estado blanco que pretende el doctor García encontrará más obs­táculos que los que puedan hallarse en la escasísima prensa de oposición. Me daría mucho gusto saber que la doctora Echaíz es el tipo de mujer moderna y decidida que el doctor García dice respetar. Estaría muy agradecido, como sencillo ciudadano, si alguna institución respetable pone en su sitio a quien no cree en las instituciones y aspira a ser un Luis con Pompadour y todo.


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César Hildebrandt

Opinión

Columnista

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