Escenario del 2011

Si el Perú fuera un país menos aluvional, en la derecha del 2011 estaría Rafael Belaunde, que tiene ideas y las tiene claras, compitiendo con Yehude Simon, que podría encarnar una socialdemocracia de los tiempos de Google.

Por Diario La Primera | 01 ago 2008 |    

Pero como aquí la cacasenería es una vieja inmortal tipo Ña Catita, seguro que tendremos a Luis Castañeda Lossio, el mudo del SAT, por un lado, y a algún inverosímil clon de Ollanta Humala, por el otro.

Castañeda Lossio ha precipitado insolentemente la ruptura de Unidad Nacional porque quizá ya tenga en la mochila el acuerdo con Alan García para el 2011.

Ese contrato mataría dos pájaros de un tiro: haría posible la elección de un continuista ortodoxo como el alcalde de Lima y abortaría las ambiciones presidenciales de Jorge del Castillo.

García no quiere a Jorge del Castillo. Y menos lo quiere como candidato. Lo querría si estuviese convencido de su derrota (como lo estuvo con Luis Alva Castro en 1990). El problema es que Del Castillo podría ganar. Y eso es algo que el narcisismo alanista no está dispuesto a tolerar.

Un Castañeda respaldado por la maquinaria nacional del Apra –cada vez más un PRI andino- tendría grandes oportunidades de hacerse con el poder. A no ser que el Apra se declarase en rebeldía, desacatase la voz del caudillo y apoyase al candidato que surgiera de las primarias del 2010. Pero esto implicaría un clima de beligerancias y desgarros que podría hacer temblar la relativa estabilidad de la economía.

Como un aporte surrealista y provocador a las profecías sobre el 2011, Carlos Ferrero ha previsto ayer una plancha Castañeda-Keiko-Del Castillo, que sería algo así como la versión tumoral de la “Convivencia” de 1956. Es un modo de decir que los escrúpulos de García son lo suficientemente escasos como para proponerle a Del Castillo ser segundón de Keiko, lo que, en la biografía del Apra, podría llamarse el broche de oro de la promiscuidad.

Pero ese vaticinio tragicómico exigiría el suicidio a lo Mishima de Jorge del Castillo, alguien que sigue construyendo, con paciencia y buen humor, su búnker personal de cara al 2011.

Si Castañeda fuera el candidato alanista-aprista, Lourdes Flores la representante posiblemente redundante del centro-derecha, Alejandro Toledo el hombre con experiencia “que tú ya conoces” y Humberto Lay (o alguien parecido) el sobrero infaltable, al centro-izquierda le bastaría con un candidato de polendas para pasar a la segunda vuelta y convertirse en una opción de cambio que no atemorice sino que, más bien, alivie. Cambio que, a esas alturas de la crisis internacional, sonará a música celestial para millones de electores.

Claro, se me dirá, pero ya no está Barrantes. Pero es que Barrantes nunca fue serio, a pesar de su éxito, su carisma, su bonhomía y su talento. Barrantes inventó el barrantismo, que lo que aportó a las ideas fue un buen vaso de leche en polvo. Y eso de “la izquierda unida jamás será vencida” era para sacarle pica a Hugo Blanco, que fue su bestia negra.

Y después de Barrantes, mucho después, llegó Ollanta Humala, que es un buen hombre y un pésimo candidato. Humala patentó el humalismo, que es algo así como frasear el malestar pero sin saber adónde se quiere llegar.

Barrantes era una federación de urgencias. Humala es un chilcano de furias. Pero ambos, en el poder, no hubieran salido del día a día. Y a ambos los atormentaba un zafarrancho de ideas que los hacía contradecirse cada semana.

Y, sin embargo, el Perú necesita dotarse de un candidato que no esté en el tablero de los Romero y los Miró Quesada, un candidato de las izquierdas renovadas. Yo no sé si a Yehude Simon le alcanza el cuero para la tarea. Lo que sí sé es que es el único que se ha atrevido a proponer un par de novedades en la grasienta agenda política del poder regional.

Como no sé, de igual modo, si Rafael Belaunde tendrá ganas de repetir el itinerario de candidato programático en un país que vota muchas veces por los cromos y los miedos mediáticos. Lo que sí sé es que él es de las pocas cosas buenas y prometedoras que le han ocurrido a la política peruana. ¡Y pensar que estuvo callado tantos años sólo por no contrariar a su padre!

En todo caso, ojalá gente como Simon o Belaunde ventilen el aire pasmado y acaroso que nos envenena. Es que o nos renovamos o tendremos al picapedrero Castañeda haciendo de las suyas (pero en grande) en el 2011. Y con Marquito Parra de Contralor General, cómo no.


    César Hildebrandt

    César Hildebrandt

    Opinión

    Columnista