Escándalo a la vista

Del gobierno de las tímidas reformas iniciales y del intento de caerle bien a todas las clases sociales, pasamos en diciembre al desbordado por los conflictos sociales y que trataba de recuperar autoridad con mano dura mientras se diluía el espíritu reformista, lo que acabó en julio con la salida de Valdés.

| 02 agosto 2012 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.6k Lecturas
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Ahora estamos preguntándonos para dónde apunta el tercer gabinete de Humala y la primera impresión es que busca la distensión y el cambio de agenda esforzándose por “descongalizar” la política peruana, al punto que ya no se quiere ni hablar del problema cajamarquino que ha pasado casi totalmente al manejo de los hombres de iglesia que hacen de facilitadores.

Pero esto no parece ser todo lo que se viene con el premierato Jiménez. Para empezar la ruta del gas parece haber variado sustancialmente en el curso de estos meses y el compromiso para que el Estado peruano participe del gasoducto surandino que proveería de gas natural a los departamentos del sur y favorecería la creación de un polo industrial en la parte más postergada del país, está siendo dejado sin efecto y reemplazado por el viejo proyecto de los líderes del modelo exportador (Repsol-Hunt) de mover el gas dentro de la costa y hacer inversiones petroquímicas para la venta al exterior.

Aunque resulte sorprendente, la misma persona que hizo del tema del gas y su rescate para el desarrollo y el consumo de los peruanos (cambio de la matriz energética), enfrentando la pretensión de exportar la mayor parte de gas que se pueda, está ahora cediendo al cambio de planes que se ha armado entre los ministerios de Energía y Minas y de Economía, para someterse a las pretensiones del grupo pro-exportador. De paso, además, el gobierno está volviendo a marcar distancias con sus supuestos amigos de Brasil que estaban metidos en lo del gasoducto y ya parecían haberse asegurado el negocio.

Por eso el gabinete Jiménez podría también terminar siendo el de los escándalos del gas, como en otras épocas hubo los del petróleo. Por de pronto crece la versión de que los cambios en Perupetro, tienen como disparador la decisión del gobierno de arreglar con el Consorcio Camisea (el mismo que integra a los explotadores de los lotes 88 y 56, el primero para el mercado interno y el segundo para la exportación), para no cobrarles una gruesa suma, que podría sobrepasar los 200 millones de dólares por regalías dejadas de pagar al alterar los destinos del gas exportado y trasladarlo hacia puertos donde se paga un mejor precio sin informar al país, a cambio de que los operadores privados confirmen con su firma lo que ya había sido anunciado con gran bombo en marzo de este año, cuando se dijo que la “recuperación del lote 88”, consistía en que el Consorcio expresara su voluntad de devolver los 2.5 TCF, que tiene retenidos como aval de sus contratos de exportación.

Claro que una vez que se firme la adenda, tampoco se habrá recuperado realmente la reserva retenida, porque el lote 57 que debe sustituirlo aún no ha logrado certificar la cantidad de gas que tiene en sus campos.

Pero lo que es más grave aquí es que, teniendo instrumentos para afirmar la posición del Estado tanto en la recuperación (demanda judicial, invalidación de actos ilegales) como en la cobranza (terminación del contrato), se ha optado por el camino llamado “sin sobresaltos”, que es el de las concesiones crecientes, que no lleva a nada bueno.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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