“Esa historia se escribe sola”

“Hay muchas historias pero a veces aparece alguna tan buena que se escribe sola… y esa es una de ellas”.

| 30 julio 2011 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 873 Lecturas
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La frase era de mi colega Milton Von Hesse, hacia principios de 1956, consolándome por mis quejas de no lograr el párrafo inicial perfecto para describir el retorno a Lima de un grupo de audaces que habían fracasado en su intento de llegar a la Polinesia en balsa. Habían partido de Talara y en pocos días nadie sabía de su paradero hasta que semanas después los rescató un barco norteamericano cuando ya desfallecían de hambre y sed. La historia era buenísima y en verdad podía narrarse de cualquier manera pues siempre sería de primera.

No volví a tropezarme con otra igual hasta diciembre de 1971 cuando el corresponsal de Pucallpa llamó agitado a la redacción de “Expreso” para informar que la joven Juliane Koepcke era la única sobreviviente del avión de “Lansa” desaparecido en la selva. Luego de siete días había sido encontrada sana y salva, en un raro episodio digno de figurar en las primeras páginas de todo el mundo.

Todos querían entrevistarla, escribir detalles de la aventura pero papá Koepcke había arreglado exclusividad con la prensa alemana y Juliane solo habló con el reportero del “Bild Zeitung” que publicó su conmovedor testimonio.

Solo un año más tarde los teletipos de las agencias de prensa, repiquetearon en “Expreso” anunciando lo increíble: que un grupo de uruguayos deportistas había sobrevivido a un accidente aéreo ocurrido en octubre. Debemos imaginar el reto que significó para los periodistas encargados de la redacción de aquel primer párrafo pero la síntesis perfecta la logró aquel escritor que dijo simplemente “¡Viven!”.

Lima brindó al periodismo mundial una de esas historias cuando en diciembre de 1996 un grupo subversivo asaltó la embajada de Japón y tomó cientos de rehenes que fueron soltando hasta quedar varias decenas. El desenlace de abril del año siguiente fue contado de mil maneras y todas buenas porque era imposible equivocarse.

La última de esas noticias excepcionales es probablemente el rescate de los 33 mineros de Chile, en agosto del año pasado, una verdadera epopeya tecnológica que fue narrada en todos los estilos y ángulos imaginables en aquellos setenta días que duró el drama.

Todas esas historias tienen en común que luego de haber sido contadas con la rapidez que exige el periodismo cotidiano han pasado a ser objeto de libros, de narraciones completas por periodistas que se animaron a saltar de la nota informativa perecible al libro histórico.

Es por esto que los periodistas deben entrenarse en las técnicas narrativas para lograr que sus historias rápidas pasen a ser buenos libros.


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Juan Gargurevich

Opinión

Columnista