Erradicadores

Todos están de acuerdo en que ha sido un fracaso la política antidrogas que se ha venido ejecutando durante largos años y que consiste en declarar la ilegalidad del cultivo de la coca y su persecución a través de unidades policiales militarizadas, financiando el 100% de estas operaciones con la cooperación de Estados Unidos.

| 21 agosto 2011 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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Cada año se suma la cantidad de hectáreas erradicadas y el resultado final es que a pesar de ello aumentan el número de hectáreas sembradas y sobre todo de cocaína producida y exportada. El supuesto de que destruyendo o quemando cocales al final habrá menos droga en el mercado no funciona.

Pero cuando se habla de diseñar una política alternativa y de cambiar el trato con los productores para incorporarlos en un esquema de solución del problema, que seguramente pasa por ampliar los usos de la coca legal, el aumento de las compras del Estado del producto y la progresiva sustitución de cultivos con desarrollo de mercados para los productos de la selva, para aislar a la mafia y reprimirla, lo que se dice es que nada de eso justifica suspender la erradicación.

Es decir que quieren mantener la guerra contra los productores, lo que responde a varios conceptos: (a) que el narcotráfico es un asunto puramente policial-militar que se combate con represión; (b) que el único “enemigo” visible en este conflicto son los cocaleros que son la parte débil de la cadena del negocio y la que sin embargo recibe casi todo el peso de la acción represiva; (c) que los demás actores de la droga caen cuando hay suerte o cuando se les quiere capturar, pero son los que mueven dinero y corrompen al resto; (d) que el esquema fallido de esta “guerra”, incluye una dimensión mediática, de construcción de opinión pública en contra de los cocaleros y de otros objetivos, pero nunca identifica a las bandas y sus respectivos capos; (e) que hay periodistas, analistas, policías, procuradores, fiscales, jueces, que funcionan dentro de la lógica de los Estados Unidos y afirman que no se puede variar la política de erradicación.

Mucho se especula sobre las razones de todo esto, pero más o menos hay consenso en que los Estados Unidos tienen motivos para mantener una intervención permanente en nuestros países con el asunto de la droga y una resistencia muy fuerte a encarar el problema del consumo, el tráfico, las mafias y el blanqueo de dinero, en su propio territorio.

También parece fuera de discusión el hecho que el financiamiento exterior de la política de erradicación ha creado una serie de lealtades e incondicionalidades, que luego se traducen en corrientes de opinión en el sentido de que lo único que se puede hacer contra la droga es perseguir cocaleros.

Los efectos de este tratamiento se reflejan en la llamada operación “Eclipse” de noviembre del 2010, que condujo a la detención arbitraria de 147 campesinos del Huallaga, 79 de los cuales permanecen presos hasta ahora.

Los mismos que defendieron esa arbitrariedad protestan ahora por la suspensión temporal de la erradicación. Y es que la idea subyacente sugiere el apresamiento de todo sembrador de coca, lo que podría hacer durar las erradicaciones hasta el fin de los días y daría chamba asegurada y dinero para algunos.

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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