Entre lo humanitario y el arreglo político

Sorpresas no da la vida. Estábamos en el asunto del fallo a favor del Grupo Colina que por fin fue anulado, lo que ayuda a fijar el marco exacto para juzgar los crímenes de los 90, y como si fuera un asunto desconexo aparece un acuerdo de la familia Fujimori para formalizar el tantas veces mencionado indulto humanitario a favor del expresidente.

| 29 setiembre 2012 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.8k Lecturas
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Es decir, readmitimos que estamos ante graves crímenes de lesa humanidad, cometidos por una organización criminal que jamás hubiera podido existir si no era protegida y auspiciada por las más altas instancias del poder, pero en ese mismo momento se recurre otra vez a la emoción de la gente para que concluyamos que, culpable o no, el personaje se está muriendo y Ollanta Humala es el único que puede devolverlo a su familia para que pase con ellos la última etapa de su vida.

Nadie –menos yo, que sé lo que es sufrir el dolor de las grandes enfermedades-, podría estar a favor de que una persona débil o poderosa se consuma en prisión por un mal del que ya no puede restablecerse.

Por eso hace un buen tiempo he reclamado por un trato humanitario para el exmilitante del MRTA Jaime Ramírez Pedraza, que padece de esclerosis lateral amiotrófica, que destruye el control de sus músculos y lo acerca cada vez más a la muerte en el penal de Castro Castro, donde no existen condiciones mínimas para atenderlo, ni llegan ambulancias cada tanto para llevarlo a alguna clínica privada para tratarlo.

Pero este caso, como probablemente hay otros, no hace noticia ni se gana la primera página como la lengua operada de Fujimori. Y ahí viene el tema, porque todos los médicos serios consultados aseguran que el paciente no padece del cáncer recurrente que se dice, y que solo la primera de sus operaciones tuvo que ver con la presencia de células malignas en un estado inicial.

Todo lo que ha pasado luego es que la cavidad bucal ha quedado afectada y ha requerido intervenciones para tratar molestias no cancerosas. Entonces, ¿hasta dónde puede llegar el recurso humanitario para una persona que no parece estar en un trance de inminente fatalidad y que está siendo atendido y curado de manera continua por médicos de alto nivel?

La inquietud que por supuesto invade al país es que se esté proponiendo un indulto con un compromiso político encubierto. Para esto el presidente Ollanta lanzó una flor al sugerir que no entendía por qué la familia no había solicitado el indulto.

Y ahí se vino abajo el orgullo de Keiko que había dicho que no lo harían porque su padre es inocente (a pesar de haber aceptado varios de los cargos) y Kenji volvió a meter la pata con su emplazamiento para que fuera Humala quien otorgara de oficio el indulto al prisionero.

En sustancia estamos ante una prueba política crítica para el gobierno nacionalista, que tiene como una de sus mayores vergüenzas haber trasladado al hermano del presidente en funciones al penal más aislado del país para evitar que siga haciendo noticia.

Tiene un pésimo sabor que lo que se dijo en la campaña: que la Fujimori no sacaría a su padre de la cárcel si tenía el poder y que Ollanta dejaría a Antauro como un asunto de los jueces, se pueda cerrar ahora con un cambalache en el cual no solo vamos a estar hablando que el programa de los perdedores fue el que finalmente se impuso, sino que los derrotados recuperarían a su cabeza política que lleva la carga de graves crímenes. Esperemos que así no sea.

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista