Entre el discurso y la acción

Los ejes siguen siendo el nacionalismo y la inclusión social. No estamos ante un discurso presidencial anti neoliberal pero tampoco ante uno derechista y anacrónico. ¿Hacia dónde está yendo el gobierno de Ollanta Humala?. Su diálogo con Rosana Cueva, entrevistadora inteligente y amable, podría estar cerrando una etapa de definición presuntamente derechista y abriendo otra de contradicciones que lleven al país a escenarios indeseables.

| 31 marzo 2012 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
1030

Para que ello no suceda sus antiguos aliados izquierdistas, ahora en balcón, deberían replantear su accionar político respecto de una agenda de movilización y conflictividad que podría llevar al gobierno a un callejón sin salida como lo demuestran los muertos de Sechura a escasas horas en que el presidente aseguró un estilo dialogante de gobierno. Contradicción entre la frase política y la acción concreta. Muertos son muertos y son el mayor costo con el que un gobierno se deslegitima ante sus electores.

Estamos ante una derecha que no vacila en aplicar la ideología de la ganancia extrema al sector minero con graves consecuencias ecológicas. Esto hace indispensable una propuesta progresista con énfasis en lo social, que tomando la palabra del Presidente, que ha dicho que no teme enfrentarse a los poderosos, se revalorice en los niveles de gobierno.

Sea o no apropiada la frase del presidente lo cierto es que ninguna propuesta promotora, redistributiva y reguladora, vendrá de un gobierno copado por una derecha retardataria y anacrónica. De un sector sin apertura al diá-logo, que exige la fuerza y la imposición como forma de solucionar conflictos. Si la izquierda le deja los espacios le estará dando en la yema del gusto. Si no tenemos un sector progresista dispuesto a acompañar a Ollanta Humala, cuando aún no cumple ni un año en el gobierno, no tendremos a nadie para recuperar algo del enfoque auroral de la transformación social enfrentando sustantivamente los problemas. Esta ausencia hará un flaco favor al país y a la democracia.

Cuenta el discurso presidencial pero también las contradicciones en la práctica. Lo estamos viendo. Para una vía progresista y democrática se requiere de una derecha liberal social y de una izquierda inteligente y aggiornada que sin abdicar de sus principios avance en objetivos negociados. ¿Las tenemos? Los desafíos son grandes y la conflictividad fuerza decisiones y violencia. Por eso se necesita de ambos polos. Así lo demanda un país insertado en la globalización tanto como el Presidente y su gobierno.

Urge la reincorporación activa de esa izquierda progresista que ayude a impulsar las transformaciones, que no se rezague ni se quede atrás, que no reedite viejos y anacrónicos rupturismos. Para no dejar espacios al fujimorismo que Ollanta fulgurantemente derrotó.

¿Para quién están trabajando los resentidos izquierdistas que se encierran en su rincón para mejor criticar y oponerse?. Su corrida favorecerá a fascistas y autoritarios esperando su oportunidad. Las desigualdades sociales y la conflictividad socio ambiental no desaparecerán de la noche a la mañana. El Estado debe asumir políticas redistributivas para las cuales son indispensables los técnicos que las lleven a cabo y los políticos que las inspiren e impulsen dinámicas integradoras.

Las señales están ahí, que las vean quienes tienen ojos de ver. Los poderes mediáticos fuertemente ideologizados informan con poco o ningún equilibrio. Pretenderían borrar todo vestigio de izquierda en el gobierno para mejor imponerse y decidir. Los ataques al Canciller Rafael Roncagliolo, y la forma como éste ha respondido, dan la medida exacta de cómo ser principista y digno desde la izquierda y la inteligencia, sin abandonar el campo de batalla.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


...