Energía y responsabilidad

El indignante secuestro de más de 40 compatriotas en la localidad cusqueña Kepashiato por un grupo de terroristas debe ser afrontado con la energía que corresponde aplicar a quienes violan la ley y atentan contra la libertad de ciudadanos peruanos pacíficos y laboriosos.

| 14 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 765 Lecturas
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Pero la grave circunstancia que concita el repudio de todos los peruanos, debe ser asumida también con la serenidad y la responsabilidad necesarias, teniendo en cuenta que están en juego la seguridad y las vidas de los rehenes.

Desde ese punto de vista resulta pertinente la decisión gubernamental de desplegar fuerzas militares y policiales y hacer todos los esfuerzos necesarios para liberar a los rehenes y aplicar con rigor la ley a los subversivos.

Tal determinación excluye, como corresponde, la posibilidad de ceder al chantaje terrorista, pues aceptarlo sentaría un lamentable precedente que podría generalizar los secuestros como forma de chantaje contra la seguridad del Estado, como trágicamente ha ocurrido en otras latitudes.

Tal resolución es coherente con la de procurar que el rescate, que la ciudadanía espera se haga realidad con prontitud, para que los trabajadores privados de su libertad regresen al seno de sus familias, tenga en lo posible un costo humano cero.

Lamentablemente, ese empeño se ha estrellado con la insania criminal de quienes dieron cobarde muerte a una capitana de nuestra Policía Nacional que cumplía su deber participando en las operaciones de búsqueda de los subversivos y sus rehenes. A ella nuestro homenaje, que interpreta el sentir de toda la peruanidad.

Consideramos por otra parte que no es de ninguna manera el momento de recriminaciones por el secuestro y sus consecuencias, ni de reclamos “desde la tribuna” por lo sucedido.

Tampoco son aceptables airados sermones de quienes tuvieron la responsabilidad de sofocar a los remanentes del terrorismo y no alcanzaron los resultados esperados.

Es el momento de la unidad en defensa de la paz y de la tranquilidad de un pueblo trabajador que ha optado por la vía de la democracia como cauce de sus luchas y su búsqueda de equidad y justicia y que ha descartado la violencia y la muerte como medios que ningún fin justifican.

Es la hora de la unidad en el repudio a la violencia de quienes, al reclamar una millonaria suma por los rehenes, confirman que se han convertido en un grupo mercenario que, a decir de analistas de diversos puntos de vista, usan la prédica ideológica radical solo como coartada para sus crímenes.

Hoy, más que nunca, hay que reivindicar los valores de la defensa de la vida y de la solidaridad que brillaron, uniendo a los peruanos en un abrazo de hermandad, en el reciente y exitoso rescate de los nueve compatriotas salvados de la muerte en las entrañas de la tierra, en una mina informal de Ica.


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