Encuestas y votaciones

Cuando en marzo de 2011, el candidato Ollanta Humala empezó de pronto a crecer en las encuestas y de estar bajo el 10% y en el cuarto lugar entre los favoritos, saltó por encima del 20% y se colocó en camino al primer lugar en unos cuantos días, un analista serio de la derecha peruana dijo en tono casi filosófico: lo subestimamos.

| 11 febrero 2013 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 606 Lecturas
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Pero lo habían subestimado cinco años antes y volvieron a hacerlo. Y varios de ellos subestimaron a Villarán unos meses antes y se sorprendieron del resultado en Lima. Y ahora que nos encontramos con que la misma encuestadora que anunció el cambio de tendencia en el 2011, es la que nos está diciendo que la cosa entre el SÍ y el NO, era distinta a cómo se había venido diciendo, es casi seguro que va salir alguien a decir que aquí también hubo sobrestimación y subestimación.

Durante muchos meses, los promotores de la revocatoria han dicho que ellos hablan en nombre de una mayoría popular inconmovible que no quiere a Susana, y si usan expresiones como incapaz, vaga, pituca, no hace nada, fracasa en todo, etc., es porque “así piensa el pueblo”, que más o menos quiere decir que las encuestas los autorizan a insultar y que no necesitan añadir nada más para que se sepa lo que quieren.

Y en el plano político, el APRA, Castañeda y el fujimorismo niegan tener una alianza para repartirse los espacios políticos, y aseguran que lo único que hacen es ponerse del lado de los sectores que según las encuestas quieren que se vaya la alcaldesa no importa lo que venga después. El supuesto, por cierto, es el mismo: que la decisión ya está tomada y que el SÍ se lleva de encuentro al NO. Pero esa es la idea fatal repetida en casi todas las elecciones, por los que finalmente perdieron.

El problema no es solo creerse ganadores antes de tiempo, sino encontrarse de pronto con un escenario modificado y no tener nada que decir. Es lo que le pasa a Velásquez Quesquén en una entrevista para El Comercio en la que sale a reclamar que el tema de la revocatoria es el de la gestión municipal, como si el APRA hubiese hecho algún aporte para saber cómo mejorarla o si eso hubiese estado en la discusión de los últimos meses.

Para el chiclayano y su compadre Mulder, lo de la gestión era que la mayoría estaba contra Villarán y el APRA se subía a esa ola. Pero más cerca de la elección cuando maduran las opciones de la gente, se empieza a ver que no había un juicio definitivo y que recién empieza la batalla política que resolverá la contienda. Por supuesto que son los que inventaron la revocatoria los que tienen que poner los argumentos que reemplacen los epítetos. Y el punto es que no los tienen. Nunca los tuvieron. Y ahora parece un poco tarde.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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