En el segundo año

Ingresamos al segundo año del gobierno de Ollanta Humala en mal de pie de legitimidad como lo vemos en el descenso de su popularidad y en el casi total desgaste del gabinete Valdés percibido como el de la represión y la antipolítica, el del retroceso en el diálogo y la negociación. El nuevo gabinete deberá ofrecer una salida política y económica a la crisis de confianza, con un esquema claro y definido de gobierno para el tiempo que viene.

| 20 julio 2012 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 722 Lecturas
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Estamos ante un aniversario patrio muy distinto del anterior cuando las motivaciones de cambio social eran fuertes. Ahora hay reprobación por las indecisiones del presidente y por el uso de la fuerza que ha dejado lamentables pérdidas humanas. A veinte años de La Cantuta y de Tarata todo lo que huela a violencia y violación de derechos humanos rememora lo que no queremos repetir pero también habla de la incapacidad de cambio en democracia.

Al conjunto de la sociedad le interesa la política en la medida en que sus líderes se exhiban seguros del camino a seguir. En la sociedad existe más pragmatismo que ideología aunque la preferencia está en los valores del progreso y el bienestar junto a la justicia social hoy denominada inclusión.

Tanto la derecha extrema como la izquierda radical parecen no entender al país, sobre todo no tienen la confianza de la juventud que está harta de políticos corruptos que sólo disputan parcelas de poder, esperan líderes que presten más atención a lo que une que a lo que le separa. Se necesita un discurso de centro que dé respuestas y seguridades sobre la calidad de nuestro sistema político y de nuestra democracia. La prioridad de todos sigue siendo económica, la garantía de un ingreso digno, la defensa de los intereses de los ciudadanos, mejores niveles de vida y de seguridad con menor desigualdad.

Hay una sensación ciudadana de desgobierno que se extiende y es muy peligrosa porque produce un cierto vaciamiento de la democracia y de la representatividad para dejar todo en manos del poderoso caballero don dinero. Sabemos que el poder económico, financiero y multinacional, no es para nada democrático pero la política debería ordenar la economía y no a la inversa como parece haber sucedido en el tema Conga.

Estas celebraciones patrias son una oportunidad de reinauguración de Ollanta Humala con un enfoque equilibrado y centrista. Para ello necesita de los dos polos, de su acercamiento a la derecha hoy instalada en el poder mediático más que en las instituciones y a una izquierda que debería colocarse en un apoyo crítico, al estilo del reaparecido Salomón Lerner, para ser cantera efectiva de cuadros de gobierno.

Pero también debemos atender las lecciones que tenemos de este año de gobierno. Queda claro que no puede haber progreso social sin redistribución de la riqueza, que no hay proyecto económico viable sin aceptación social, que los consensos no se imponen con balas. Que la inclusión social es imperativa y debe ser financiada pero el gobierno debe hacer compatibles, de forma equilibrada, los intereses de todas las partes dando prioridad al diálogo y a la negociación.

Y sobre todo debe quedar claro que la tolerancia cero con la corrupción que degrada la democracia no puede ser una bandera que se abandone a mitad del camino.


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