En La Punta se ama con “Billy Burguer”

Contemplamos, por fin, el mar invadido por la oscuridad: la de los botes ladeándose con las ondas, dibujando estelas cerca al mirador japonés sobre un pequeño muelle de madera.

Por Diario La Primera | 04 set 2008 |    

Fue en la madrugada de ayer. Nuestra sangre –estaba con mi primita ‘S’– contenía lo equivalente a seis latas de cerveza. Ahora sólo queríamos un cuarto donde pasar la noche y consultando a uno que trabaja con su carrito sanguchero –el popular “Billy Burguer”– en plena Plaza Matriz, nos dio el gran secreto de la noche. Y sin comprarle nada, más ‘paltas’. Antes, los del Serenazgo de La Punta, montados en sus bicicletas nos persiguieron por todas partes como cucarachas de chifa. –“¿A dónde se dirigen?”. “Busco al Sr. Vismara”, dije (mentía). “El Sr. Vismara no está” (me quería ganar el ‘vivo’); “Dentro de media hora viene” (lo ‘apagué’). Cansados de tal persecución, nos retiramos, dando con la ‘cómica’. El policía de turno, nos dijo, bostezando, lo que luego nos confirmaría Billy: “hay un cuarto caletísima frente a la Escuela Naval”. Esta vez, los serenos nos tomaron los nombres. “Así no corre”, les dije. Frente al edificio donde duermen los cadetes, hay una casona de portón y pileta. Toqué tres veces. Llovía. “No hay cuarto” –me contestó una voz temblorosa–. Yo le dije susurrando el gran secreto, el ‘password sanguchero’. Inmediatamente abrió la puerta. Una luz acuática traspasó el techo para iluminar la testa de la pequeña señora de cabellos crecidos, vestida con una manta blanca. Nos dio la habitación de paredes altas. Aunque la cama hacía mucho ruido y el gran espejo era vertical, brindo fiel dato a cualquier pareja de Lima, en una inmensa actitud democrática. Señores y señoras –música maestro–, sólo digan: “vengo de Billy Burguer”. Posdata: mínimo consumir un chorihuevo.


    Luis Torres Montero

    Luis Torres Montero

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