Empieza a correr, maldito

Los ojos de Sandra quedaron petrificados cuando su esposo le dijo “yo no te envié flores”, luego de que ella le dijera al llegar a casa: “gracias, amor, por el ramo de rosas que me enviaste al trabajo”.

| 15 agosto 2012 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 711 Lecturas
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Sandra empezó a temblar como si hubiera hecho algo malo y se puso rojísima, tanto que sus ojeras le quemaban como nunca. No pudo decir nada porque antes de que su esposo hablara estaba totalmente segura de que él le había enviado flores al trabajo por su cumpleaños número 33 que las puso en un jarrón orgullosa de que su esposo querido le haya hecho el detalle. Pero su esposo, enojado, con el seño fruncido, dijo: “¿De qué flores hablas, Sandra?”.

Luego, Sandra empezó a mentir por miedo, porque sabe que su esposo es celoso como un guerrero de la antigüedad. “Nada, amor; no me hagas caso. Te pregunté ‘por qué no me enviaste flores a mi trabajo por mi cumpleaños’”. “No, tú me agradeciste por un ramo de rosas. No mientas”.

Sandra se quedó entre la espada y la pared. Entre el recuerdo de su esposo y su mentira. Insistió en la mentira. “Te pregunté por qué no me enviaste flores a mi trabajo por mi cumpleaños, amor, es serio”.

—No, carajo, me agradeciste por un ramo de rosas —gritó el energúmeno de su marido.

—Cálmate, te reclamé por qué no me enviaste flores por mi cumpleaños —insistió en la mentira y en silencio mentó la madre al idiota que no la deja tranquila y, pensando de que fue ese sujeto el que le envió el ramo de rosas.

—No me calmo ni me calmaré hasta que me digas quién te envió esas rosas.

—¿De qué rosas hablas?

—De las que te llegaron hoy por la tarde al trabajo.

—Ay, ay, ay Felipe. No sé quién mierda me las envió. Pensé que eras tú; por eso te agradecía. De verdad no sé quién carajo me quiere molestar de ese modo. Cuando me entere quién ha sido le sacaré el carajo yo misma. Ya verás.

Felipe se quedó mudo ante tantas palabras soeces. Sus ojos quedaron petrificados. Empezó a temblar porque sabía que había hecho algo malo. “Ay, China, tranquila. Yo te envié las rosas. Solo quería probarte. Perdóname”.

—Empieza a correr, maldito —dijo Sandra.

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El Escorpión

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