Empedraría de oro una carretera

Se sumó al coro. ¿Quién tiene dudas de que al final de todo se trata de un coro? Ayer fue Mario Vargas Llosa, quien al menos está respaldado por su grandeza literaria, y ahora se trata de otro grande, pero tan sólo de estatura, garañón de la hacienda San Cristóbal, también conocido como Vicente Fox, ex presidente de México.

Por Diario La Primera | 17 ago 2008 |    

Este espécimen inventor de catedrales destruidas, plañidero a lágrima viva de los niños pobres de Nicaragua, se construyó una casa hacienda en algún lugar de México que, según se dice, podría ser considerada por su suntuosidad como una de las cien maravillas del mundo.

Mi amigo Jaime Morales Carazo, un hombre equitativo y justo, y, al mismo tiempo, prudente, conoce con detalles las tropelías de Fox y de su familia.

Vicente Fox podría empedrar una carretera mexicana con ladrillos de oro y por ese camino ha tratado sin acertar en una sola dirección correcta. Le mintió, en forma irresistiblemente cínica, a Fidel Castro; insultó a Hugo Chávez y, de seguro, con devoción racista, odia a Evo Morales.

Este hombre también es alto, blanco y hermoso y, de seguro, considera a los latinoamericanos, incluyendo a los de su país, chaparros, feos, indios, negros y sin el uso del desodorante.

Mr. Fox llega a la tierra de Sandino recomendando honestidad, cuando todo el mundo sabe que si no saqueó las alcancías de la Basílica de Guadalupe fue por la estricta vigilancia religiosa.

Llega a Nicaragua a respaldar a un bellísimo arquetipo, blanco como él, para que se robe la joya de Nicaragua, oscuro como él en concepciones ideológicas. Vicente Fox es uno de los hombres más ricos del mundo, pero él no vale ni un billete partido en dos de baja denominación en México. Cualquier cosa que diga de alguien hay que agradecerlo si es en mal, y hay que avergonzarse si es en bien.


    Tomás Borge

    Tomás Borge

    Opinión

    Embajador de la República de Nicaragua