Emergencia alimentaria mundial

Estamos ya en medio de la vorágine de una crisis alimentaria mundial. Los precios de los alimentos se han disparado desde el 2002 a la fecha, de acuerdo a la FAO, en 140 por ciento y las tendencias son a una mayor alza, lo mismo que el petróleo.

Por Diario La Primera | 07 jul 2008 |    

Esta crisis se veía venir y muchos países tomaron previsiones. Salvo los peruanos, atávicamente imprevisores. Peor que eso: en un pronunciamiento dado a conocer el 24 del mes pasado, con ocasión del Día del Campesino, CONVEAGRO denuncia que el agro peruano sigue abandonado y marginado por el régimen alanista y que “las medidas dictadas por el gobierno para impulsar el agro colisionan frontalmente con los intereses y expectativas de millones de productores agrarios…”.

Diálogo improductivo, compromisos que no se cumplen y que son letra muerta, privatización de Agrobanco, Comunidades Nativas y Campesinas amenazadas, lentitud y burocratismo para la importación de fertilizantes, una “Sierra Exportadora” que no beneficia a los campesinos andinos, productores de papa castigados con precios mise-rables, puertas abiertas a los transgénicos desde el propio Ministerio de Agricultura, son sólo algunas de las causas de la grave situación del agro nacional puntualizadas por CONVEAGRO.

Entretanto, la crisis se profundiza y ya hay más de 100 millones de pobres que han caído en la extrema pobreza y que ya no pueden acceder a los alimentos.

De acuerdo a un estudio del Banco Mundial, el 75 por ciento de la subida de los precios alimenticios se debe a los biocombustibles, aunque para Estados Unidos, el principal promotor de esta producción que está arrebatando millones de hectáreas de tierras a los alimentos, es sólo del 3 por ciento.

El alza incesante del precio del petróleo y el cambio climático global están, igualmente, en los orígenes de esta crisis. Pero sobre todo la apertura de los mercados, la desre-gulación, la eliminación de los mecanismos de salvaguarda, los subsidios de los países ricos a su agricultura y la inversión pública a cuentagotas en el campo (sólo el 4 por ciento de la inversión pública se ha orientado al agro en el último cuarto de siglo) explican que muchos países hayan perdido su seguridad y soberanía alimentarias.

Mientras la tragedia del hambre toca a nuestras puertas, el régimen alanista se llena la boca de discursos triunfalistas. Ojalá que el paro nacional del 9 de julio lo haga recapacitar.


    Róger Rumrrill

    Róger Rumrrill

    En el ojo de la tormenta