Ellas son las abandonadas

Una tarde de sábado, como a las cuatro, un perrito que más parecía a un peluche de felpa, llegó al barrio como si hubiese sido mandado por los ángeles del cielo. Asombrados, los vecinos, que siempre están en las puertas de sus casas a esa hora los sábados, creyeron que el can se había escapado de una de las residencias finas al frente del barrio. Pero no era así.

Por Diario La Primera | 05 jul 2011 |    

Vecinos de otros barrios empezaron a correr la voz de que un perrito fino había llegado al barrio de “Las abandonadas” con la misión de acompañar a las vecinas pero no se daba abasto porque todas necesitaban compañía.

A aquel barrio lo llamaban “Las abandonadas” porque sin que nadie se diera cuenta, en apenas dos años, todas las mujeres de la cuadra habían sido abandonadas por sus maridos. Solo quedó una pareja de esposos, pero después de unos meses, la mujer se fue del barrio porque encontró a su esposo con la primera abandonada de la cuadra en su propia cama. En fin.

Era un barrio problema. Todas las abandonadas eran culpables de su suerte. Entre ellas querían sacarse los ojos y había tantas peleas que los vecinos de los barrios adyacentes enviaban todas las semanas cartas a la municipalidad para que envíe agentes del serenazgo que puedan contener las riñas entre las abandonadas que a veces terminaban en charcos de sangre.

A ese ambiente hostil llegó el perro al que todos empezaron a llamar “Peluchín”. Nadie quería hacerse cargo de él para no darse el trabajo de alimentarlo y cuidarlo porque las abandonadas tenían la envidia, la haraganería, la intriga y todas las maldades impregnadas en la sangre. Sin embargo, la última abandonada se apiadó del perrito e hizo afiches con su foto y las pegó por todos lados con la esperanza de que el dueño apareciera; pero no apareció.

Pasó el tiempo, tanto que las abandonadas empezaron a cambiar para bien en el afán de encontrarle un dueño a “Peluchín”. Ya no había peleas callejeras, ya no ocurrían más robos y el barrio se convirtió en un modelo de conveniencia.

Entonces, con la aprobación de todas, la abandonada más vieja organizó una gran fiesta para celebrar la llegada de “Peluchín”; y justo el día de la fiesta desapareció el perrito. Lo buscaron sin suerte por todos lados y al día siguiente las abandonadas volvieron a su vida gris y maldita de siempre.


    El Escorpión

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