Elige, ¿tu esposo o yo?

Sacando los pies del plato, Marcos se enamoró perdidamente de Roxana, quien también es casada. Lo bueno de este mal amor es que ni Marcos ni Roxana tienen hijos, pese a que están ya mayorcitos. Coincidentemente tienen cuarenta años.

| 07 setiembre 2011 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.1k Lecturas
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Marcos jamás había amado a una mujer casada y Roxana me confesó que nunca había querido a nadie más que a él. Vivieron un amor apasionado como adolescentes envueltos en una locura de amar fuera de casa donde espera el esposo y la esposa engañados.

—Te amaré toda la vida, Marcos, siempre seré tu mujer.

—Nada en el mundo nos separará, mi vida.

Templadísimo, Marcos estaba decidido a divorciarse y vivir con Roxana para siempre. Estaba tan enamorado el tío que inclusive compró con todos los ahorros de su vida un pequeño departamento y hasta arregló un carro viejo que le había dejado su papá; lo que nunca hizo por su esposa.

En el segundo aniversario de ese amor secreto, Marcos, en una cena en un hotel lujoso de Lima a la luz de las velas, después de decirle que lo amaba tanto, le dijo: “Roxana, tengo que hacerte una pregunta”.

—Dime, amor.

—Creo que debo preguntarte.

—Pregúntame.

—Elije, ¿tu esposo y yo?

Todos los sueños de Marcos se vinieron abajo luego que Roxana respondió: Mi esposo. Herido hasta el llanto, Marcos se alejó de ella y por todos los medios, golpeado en su orgullo y muerto de celos, trató de enamorarse de nuevo de su esposa hasta que lo logró. Mientras tanto, Roxana sufría con su esposo millonario y con influencias en las altas esferas del poder, tanto que las peleas con él crecieron y crecieron más. Una noche hace un mes su esposo la golpeó porque ella dijo en sueños: Te amo, Marcos, te amo.

Llorando frente a un espejo, Roxana supo que su felicidad la tenía Marcos. Fue a buscarlo y no le costó mucho enamorarlo de nuevo. Roxana se sintió la mujer más amada del mundo.

Una tarde se le ocurrió borrar para siempre el desplante que le había hecho a Marcos y preparó una cena hermosa en un restaurante alejado de Lima, a donde lo llevó con engaños a su amante recuperado. Aquella noche de amor y gala, Roxana arrodillada le dijo: “Amor, para borrar mi ofensa, para demostrar mi amor infinito te pregunto ahora yo: ¿tu esposa o yo? Marcos, con el dolor de su corazón respondió: Mi esposa.


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